sábado 1 de enero de 2011
El pueblo colombiano, la relación Santos - Chaves, ELN, FARC.
No creo en los cambios bruscos y desinteresados. No se me olvidan las declaraciones del esbirro principal del gobierno del narco presidente Uribe, el hoy presidente Juan Manuel Santos, antes de ser electo: “recuperare el mercado venezolano para Colombia” faltó decir que a cambio de nada. Todo lo contrario, he visto como nuestro gobierno se pone de espalda a las fuerzas populares que luchan en Colombia contra la sanguinaria dictadura de la oligarquía al servicio del imperio sionista y que tienen décadas masacrando y reprimiendo al pueblo neo granadino.
Como bien sabemos las FARC y el ELN, nacen como un mecanismo necesario para la autodefensa popular ante el genocidio inmisericorde que la oligarquía colombiana desarrolla desde los días mismos de la independencia y que después del asesinato de Eliécer Gaitán, se incrementó, al punto, de ser la nación que mas ciudadanos civiles ha matado en nuestra región y de producir el mayor éxodo de población campesina pobre, que huye de la represión sistemática que representan mas de 5 millones de ciudadanos colombianos en otros países mayormente en Venezuela, Ecuador , Panamá y alrededor de las propias ciudades colombianas conformando cinturones de miseria.
No me parece justo que el gobierno de Venezuela entregue a las huestes criminales de la oligarquía colombiana, a esos hombres y mujeres, que se sacrifican por tratar de dar una solución por la única vía que le queda (la armada), al pueblo acosado de Colombia. Eso no es revolucionario, ni táctico, ni estratégico. Para mí, es debilidad ante el enemigo y es contribuir de alguna forma a que continúe la masacre de los pobres de la nación vecina. No se olvidan todavía, ni se borrará nunca, las escenas de como de manera obscena, se caza a los ingenuos que creen en las falsas promesas de reinserción ¿Cuántos líderes del polo patriótico han sido asesinados en emboscadas por sicarios al servicio de la oligarquía colombiana? ¿Dónde están los candidatos, diputados, senadores u otros cargos de elección popular del M19, después de su “pacificación”? les respondo: están muertos, bajo los proyectiles y bombas de las elites asesinas del ejército y el paramilitarismo colombiano, amparados por los gobiernos de la oligarquía.
¿De verdad se cree que entregando a esos dignos seres, que abandonaron todo, para hacerse guerrilleros que enfrentan el genocidio en Colombia, se logrará la paz? ¿Es cierto que la violencia en ese país proviene de las guerrillas? Respondo que no, la violencia en Colombia tiene su raíz en la existencia misma de la oligarquía y en sus instrumentos de dominación, como ejercito, narco paramilitarismo, asesoría yanqui e israelí, en tácticas y artes de asesinato y tortura. Mediante el uso de esos instrumentos, se han apoderando de todas las riquezas de esa nación, incluso de las tierras fértiles que eran de los campesinos e indígenas, a quienes han matado, desplazado, destruido sus poblados y sus familias, para sacarlos de sus territorios ancestrales. Ahora para más desgracia y como nuevo elemento, el gobierno de Venezuela, hace alianza con los ya nombrados, para sumarse al acoso contra de las fuerzas populares de la libertad de Colombia. Es una mala jugada y una mala estrategia, que a la larga se volverá contra la población venezolana misma. Digo esto, debido a que se le dará ínfula a esa avara oligarquía, para exigirle cada vez más concesiones al gobierno de Venezuela. Allí, si no lo acompaño comandante, ojala y rectifique a tiempo. Nuestra nación siempre ha sido solidaria y participativa de la libertad e independencia de ella y de los pueblos hermanos, ponerse ahora al lado de la demente oligarquía colombiana es un error y un cargo de conciencia que pesará durante toda nuestra historia futura. Santos no merece semejante sacrificio y el pueblo colombiano esos nuevos dolores.
Javiermonagasmaita@yahoo.es javierdelvallemonagas@gmail.com
http://planetaenpeligro.blogspot.com/ (lo que será)
Rebel Diaz 2011,Siempre Rebeldia,Barack Obama deporto 400 Mil Inmigrantes,aqui le gano a Bush.
2011 del Time Square,al Union Square,y des aqui a las Movilizaciones con todos los pueblos a la calle, ni Obama ni Bush,Ni democratas ni republicanos,ni capitalistas ni imperialistas,ni reformistas ni lavados de caras ,Revolucion Social,Poder Popular Comunitario y Socialismo sin apellidos.
Con el Ejemplo de Malcom X,Rosa Park,Joaquin Murieta,el Che Guevara y Albizu Campos,AVANZAMOS.
Adelante con la Rebeldia de los Pueblos.
Adelante con todas las Fuerzas de la Historia.
Adelante con la Juventud Rebelde y Combatiente.
Legalizacion para 20 millones de Trabajador@s sin Papeles.
Trabajo para tod@s L@s Desemplead@s.
Por los derechos de la Mujer,los desamparados y de tod@s L@s Afectados por la crisis y recesion Capitalista .
Salud,vivienda y respeto a todos los derechos humanos y civiles.
Desde los Barrios del Harlem,Bronx,Chicago,Los Angeles,Florida y desde todos las Barios de Los Estados Unidos,a Preparar el levantamiento Popular de los Negros y Latinos,de los pobres,Humillad@s y Marginad@s,de Tod@s L@s Trabajador@s Del Campo y la Ciudad,hermanar nuestra lucha con la lucha de los Pueblos Originarios,la Mujer sublevada por sus derechos, con los Obreros y Campesinos encabezando todas las luchas desde Tierra del Fuego Hasta Alaska.
En esta lucha a Muerte contra del capitalismo y el imperialismo no hay Fronteras ni Banderas.
Con el ejemplo de los Martires de Chicago:
Por un 1ero de mayo 2011 Combatiente por los Barios,Condados y Centros de Trabajo,organizacion por la base,educacion popular y Rebeldia Popular.Por Un Primero de Maro Obrero y Campesino,enlas meras Entrañas del Monstruo.
Movimiento de la Peña del Bronx.
1ero de enero del año 2011.
Bronx,New York,EE.UU.


Aclaraciones pertinentes para un Epílogo inconcluso x Red por la Transformación Global
"...somos reales. La Red por la Transformación Global es producto de la unidad en la acción de distintas fuerzas revolucionarias, rebeldes y libertarias con experiencia de lucha y combate".
A los medios de comunicación nacionales e internacionales.
Aclaraciones pertinentes para un Epílogo inconcluso…
“Cuando la verdad sea demasiado débil para defenderse tendrá que pasar al ataque.”
Bertolt Brecht
No bien había sido entregado el señor Diego Fernández de Cevallos Ramos, empezaron a correrse todo tipo de voces tratando de explicar los motivos de su captura. Pocas o muy pocas de estas explicaciones se derivaban de una lectura atenta a la explicación del hecho que nosotros mismos dimos a conocer desde tres días atrás. En parte esto se debió a que la mayoría de medios nacionales (salvo dignas excepciones) ignoraron por completo nuestro mensaje, pretendiendo acallar así nuestra palabra que sin embargo fue conocida en México y allende las fronteras, gracias a que hoy quienes tienen el poder: Ellos, no pueden, por mas que quieran, silenciar todas las voces que del México de abajo vienen. Pero en parte la confusión y malas interpretaciones que de nuestro Epílogo se han presentado, son producto de una perversa manera de actuar de quienes son hoy voceros de los poderosos en nuestra querida nación. De modo especial nos dolió también que algunos columnistas de izquierda, que en otros momentos han estado al lado de las causas mas justas hoy no hayan sabido escuchar nuestra voz y hayan contribuido –esperamos que inconscientemente- a esta avalancha de especulaciones.
Por lo tanto, y una vez que todas las unidades que participaron en la captura y entrega del señor Diego Fernández de Ceballos Ramos han concluido la primera etapa de repliegue sin novedad y sin poner en riesgo a ninguna de nuestras estructuras restantes, es pertinente hacer algunas aclaraciones sobre nuestro proceder:
1.- La captura y entrega del señor Diego Fernández de Ceballos Ramos no fue ninguna puesta en escena desde el poder o desde alguna facción de éste. Como ya explicamos ampliamente en nuestro Epílogo, fue una demostración de que el Otro México, ese que está por construirse abajo, es capaz también de organizarse y llamar a rendir cuentas ante la justicia del pueblo a cualquier poderoso, por más intocable que este parezca.
2.-La Captura y entrega del señor Diego Fernández de Ceballos Ramos se hizo en estricto apego a los principios éticos del pueblo. Por ello el trato que recibió fue humanitario dado que no se trataba de hacer ningún escarnio en su persona. Por ello el señor Diego Fernández de Ceballos Ramos regresó a la vida pública en las condiciones de salud e integridad que hoy parecen molestar a quienes quisieran haberlo encontrado enfermo o muerto. Así demostramos que, contrario a Ellos, los poderosos, el pueblo tiene principios y sabe conducirse con honor.
3.-La Captura y entrega del señor Diego Fernández de Ceballos Ramos no tuvo como objetivo el obstaculizar, entorpecer ni boicotear las legítimas aspiraciones de ningún proyecto político electoral de izquierda. Como ya hemos dicho, pensamos que el pueblo debe valerse de todos los medios a su alcance para construir ese Otro México en el que hoy soñamos. La participación electoral es un paso más, previo y necesario en el desarrollo del Poder Popular en nuestra nación.
4.- Si no hemos abundado en nuestro Epílogo respecto al señor Felipe del Sagrado Corazón de Jesús Calderón Hinojosa, no se debe a que nos estemos prestando a ningún oscuro juego tras bambalinas en las esferas del poder. Es simplemente porque de la tragedia que significa para el pueblo su gobierno, dan cuenta día con día los acontecimientos, en especial los reportes noticiosos sobre su estúpida “guerra” contra el narco del cual es cómplice.
5.-Ridículamente se nos ha recriminado lo “bien escrito” de nuestro Epílogo, se nos ha reprochado no utilizar un lenguaje marxista y se nos a acusado de estar auspiciados por grupos extranjeros. O simplemente se ha declarado que Nosotros no existimos.
Pero somos reales. La Red por la Transformación Global es producto de la unidad en la acción de distintas fuerzas revolucionarias, rebeldes y libertarias con experiencia de lucha y combate. Si hoy sabemos dirigirnos a nuestro pueblo es porque nos hemos preparado por mucho tiempo, no somos unos improvisados. Ninguna fuerza extraña nos dirige. Somos una muestra más de que abajo se está construyendo –desde ya- el México de Nosotros, el que tanto ofende a los poderosos. Y algo nuevo vendrá.
Fraternalmente:
RED POR LA TRANSFORMACIÓN GLOBAL
Invierno de 2010
¡Inocente palomita, que te dejaste engañar!
Mundo :: 01.01.11
x Luis Sepúlveda
"Recibí una estúpida corneta de plástico, juguete que he conservado y te envío
con esta carta para que te la metas en el culo. Deseo te de el sida, viejo hijo de puta"
Saludos del Mir-EPR,
Estimados Compañeros: Que el año que se avecina sea fructífero en la lucha, que los Revolucionarios, nos pongamos de pié, dejemos de lado las mezquindades y veamos con claridad el camino y a nuestro verdadero enemigo a derrotar. Un saludo revolucionario y fraterno a todos los combatientes populares encarcelados por el imperialismo, pero que sabemos, siempre permanecen libres de alma y espíritu. Un saludo a todos los que combaten al imperialismo, con todas las formas de lucha, siempre recuerden las palabras de nuestro Comandante de la Revolución Indo americana, Ernesto Guevara: No hay enemigo pequeño ni fuerza desdeñable, porque ya no hay pueblos aislados.
Como establece la Segunda Declaración de La Habana: «Ningún pueblo de América Latina es débil, porque forma parte de una familia de doscientos millones de hermanos que padecen las mismas miserias, albergan los mismos sentimientos, tienen el mismo enemigo, sueñan todos un mismo mejor destino y cuentan con la solidaridad de todos los hombres y mujeres honrados del mundo.
Esta epopeya que tenemos delante la van a escribir las masas hambrientas de indios, de campesinos sin tierra, de obreros explotados; la van a escribir las masas progresistas, los intelectuales honestos y brillantes que tanto abundan en nuestras sufridas tierras de América Latina. Lucha en masas y de ideas, epopeya que llevarán adelante nuestros pueblos maltratados y despreciados por el imperialismo, nuestros pueblos desconocidos hasta hoy, que ya empiezan a quitarle el sueño.
Nos consideraban rebaño impotente y sumiso y ya se empieza a asustar de ese rebaño, rebaño gigante de doscientos millones de latinoamericanos en los que advierte ya sus sepultureros el capital monopolista yanqui. La hora de su reivindicación, la hora que ella misma se ha elegido, la vienen señalando con precisión también de un extremo a otro del Continente. Ahora esta masa anónima, esta América de color, sombría, taciturna, que canta en todo el Continente con una misma tristeza y desengaño, ahora esta masa es la que empieza a entrar definitivamente en su propia historia, la empieza a escribir con su sangre, la empieza a sufrir y a morir, porque ahora los campos y las montañas de América, por las faldas de sus sierras, por sus llanuras y sus selvas, entre la soledad o el tráfico de las ciudades, en las costas de los grandes océanos y ríos, se empieza a estremecer este mundo lleno de corazones con los puños calientes de deseos de morir por lo suyo, de conquistar sus derechos casi quinientos años burlados por unos y por otros. Ahora sí la historia tendrá que contar con los pobres de América, con los explotados y vilipendiados, que han decidido empezar a escribir ellos mismos, para siempre, su historia. Ya se los ve por los caminos un día y otro, a pie, en marchas sin término de cientos de kilómetros, para llegar hasta los «olimpos» gobernantes a recabar sus derechos. Ya se les ve, armados de piedras, de palos, de machetes, en un lado y otro, cada día, ocupando las tierras, afincando sus garfios en las tierras que les pertenecen y defendiéndolas con sus vidas; se les ve, llevando sus cartelones, sus banderas, sus consignas; haciéndolas correr en el viento, por entre las montañas o a lo largo de los llanos. Y esa ola de estremecido rencor, de justicia reclamada, de derecho pisoteado, que se empieza a levantar por entre las tierras de Latinoamérica, esa ola ya no parará más.
Esa ola irá creciendo cada día que pase. Porque esa ola la forman los más, los mayoritarios en todos los aspectos, los que acumulan con su trabajo las riquezas, crean los valores, hacen andar las ruedas de la historia y que ahora despiertan del largo sueño embrutecedor a que los sometieron. Porque esta gran humanidad ha dicho «¡Basta!» y ha echado a andar. Y su marcha, de gigantes, ya no se detendrá hasta conquistar la verdadera independencia, por la que ya han muerto más de una vez inútilmente.
Un saludo fraterno y revolucionario, ¡Adelante con todas las fuerzas de la historia! Con el PUEBLO, como Fuerza Principal Político-Militar, Con la vanguardia, creando CONCIENCIA Revolucionaria y Con el FUSIL, como guía de la lucha histórica y constante. POR LA RAZON Y LA FUERZA, LOS TRABAJADORES AL PODER SÓLO PODEMOS LA VÍA REVOLUCIONARIA COMBATE O MUERTE
Desde algún lugar de Chile, Diciembre de 2010
Movimiento de Izquierda Revolucionaria – Ejército Popular Revolucionario (Batallón Chile)
Servicio de Información Revolucionaria TRINCHERA MÓVIL, Órgano de Difusión del MIR-EPR
(Batallón Chile) ¡¡ Combate o Muerte !!
2010-12-30 - abpnoticias - Pedro Echeverría V. - 1...
CounterPunch Diary
Goodbye to 2010, Year of the Tiger, Hello to 2011, Year of the Rabbit
By ALEXANDER COCKBURNWhen it comes to journalistic achievements in 2010, the elephant in the room is Wikileaks. The alleged leaker of the Wikileaks files, Army Private Bradley Manning, currently being held in solitary confinement in sadistic conditions, should vigorously applauded and defended for doing his sworn duty by exposing such crimes as the murder of civilians in Baghdad by US Apache helicopters. Assange and his colleagues should similarly be honored and defended. They have acted in the best traditions of the journalistic vocation, best stated in 1851 by Robert Lowe, editorial writer for the London Times.
“The first duty of the press,” Lowe wrote, “is to
obtain the earliest and most correct intelligence of the events of the
time, and instantly, by disclosing them, to make them the common
property of the nation… The Press lives by disclosures… For us, with
whom publicity and truth are the air and light of existence, there can
be no greater disgrace than to recoil from the frank and accurate
disclosure of facts as they are. We are bound to tell the truth as we
find it, without fear of consequences – to lend no convenient shelter to
acts of injustice and oppression, but to consign them at once to the
judgment of the world.”
And now… A glance back through 2010
January 8
Connoisseurs of the ritual known as “Accepting full
responsibility” will surely grade Obama a mere B for his performance
Thursday at his White House press conference.
"Ultimately, the buck stops with me," Obama said,
apropos Terror’s near Christmas Day miss on Northwest Flight 253. "As
president, I have a solemn responsibility to protect our nation and our
people, and when the system fails, it is my responsibility."
First strike against Obama’s speech writer is the
weasel-use of “ultimately”, not to mention the mawkish use of
“solemn”. Second strike is his habitual dive into “systemic failure”,
as he termed it earlier in the week. . Everyone knows that systemic
failure – which Obama has been hawking all week – spells out as “No one
is to blame. This is bigger than all of us.” That’s the phrase’s
singular beauty.
I give John Brennan low marks too. "I told the
president today I let him down," said Obama's top counterterrorism aide,
who followed his boss at the press briefing . Okay so far. Exciting,
even. In medieval Japan he would have stuck a sword in his stomach at
this point. Not Brennan. "I am the president's assistant for homeland
security and counterterrorism and I told him I will do better and we
will do better as a team."
January 29
As campaign speeches go, albeit dressed up as a State
of the Union, Obama delivered his with jaunty aplomb, sometimes
light-heartedly, matching the open merriment of Vice President Joe
Biden, sitting directly behind him, next to House Majority leader Nancy
Pelosi. It wasn’t always clear exactly why Biden was laughing, though I
assume it was the same reason that stirred many in the chamber to
snigger when Obama started urging them to pass laws ending fiscal
excess, along with deficits, earmarks, and undue lobbyist influence on
lawmakers. Obama himself seemed to chortle at the manifest absurdity of
requesting Congress to do any such thing, and the legislators felt thus
empowered to chortle along with him, at the one of the oldest
Washington sports of all: running against Washington
February 5
If you want to draw a line to indicate when history
took a great leap forward, it could be February 1, 1960, when four black
students from Agricultural and Technical College of North Carolina, ,
sat down at a segregated lunch counter in Woolworth’s department store
in Greensboro, North Carolina. Three months later, the city of Raleigh,
NC, 80 miles east of Greensboro, saw the founding of the Student
Non-Violent Coordinating Committee (SNCC), seeking to widen the
lunch-counter demonstrations into a broad, militant movement. SNCC’s
first field director was Bob Moses, who said that he was drawn by the
"sullen, angry and determined look" of the protesters, qualitatively
different from the "defensive, cringing" expression common to most
photos of protesters in the South.
In contrast to that time, here are wo important
reminders about political phenomena peculiar to America today, which
help explain the decline of the left: the first is the financial clout
of the “non-profit” foundations, tax-exempt bodies formed by rich people
to dispense their wealth according to political taste. Much of the
“progressive sector” in America now owes its financial survival –
salaries, office accommodation etc -- to the annual disbursements of
these foundations which cease abruptly at the first manifestation of
radical heterodoxy. In the other words most of the progressive sector is
an extrusion of the dominant corporate world, just are the academies,
similarly dependent on corporate endowments.
A second important reminder concerns the steady
collapse of the organized Leninist or Trotskyite left which used to
provide a training ground for young people who could learn the rudiments
of political economy and organizational discipline, find suitable mates
and play their role in reproducing the left, red diaper upon red
diaper, tomorrow’s radicals, nourished on the Marxist classics.
Somewhere in the late Eighties and early Nineties, coinciding with
collapses further East – presumptively but not substantively a great
victory for the Trotskyist or Maoist critiques , this genetic strain
shriveled into insignificance. An adolescent soul not inoculated by
sectarian debate, not enriched by the Eighteenth Brumaire and study
groups of Capital, is open to any infection, such as 9/11 conspiracism
and junk-science climate catastrophism substituting for analysis of
political economy at the national or global level.
February 10
There used to be a time when the CIA would go berserk
at the merest suggestion that its executive actions included torture and
assassination. This modesty has long gone but even so, it was
astonishing to hear the director of National Intelligence, Dennis Blair,
blithely tell a senate committee this week that “Being a U.S. citizen
will not spare an American from getting assassinated by military or
intelligence operatives overseas if the individual is working with
terrorists and planning to attack fellow Americans.” Blair added
helpfully that "If we think direct action will involve killing an
American, we get specific permission to do that." Does that mean the
President or one of his cabinet members issued an okay for the FBI to
riddle Detroit Imam Luqman Ameen Abdulla on October 28, 2009, with 21
bullets, some of them aimed at his testicles and at least one in his
back. They say the Imam was handcuffed after this lethal fusillade.
February 22
Thirty years ago, driving across the hill country in
the South, every 50 miles I’d pick up a new Pentecostal radio station
with the preacher screaming in tongues in a torrent of ecstatic drivel –
“Miki taki meka keena ko-o-ola ka” – the harsh consonants rattling the
speakers on my Newport station wagon. I had a friend, a “shouter” –
whose trailer featured by way of cultural uplift only the Bible and a
big TV set tuned to the Christian Broadcasting Network, on which Pat
Robertson used to denounce New Age paganism on an hourly basis.
Last time I visited, a few months ago, my friend’s
nice house still featured the Bible. Next to it is a thick manual of
astrological guidance – could Geminis pair up with Scorpios with any
hope of success, and kindred counsel – and he and his wife surfed
through a big menu of channels. Out on the highway my radio picked up
Glenn Beck spouting drivel, but the old Pentecostalists had vanished
from the dial. These days, my friend told me, he and his wife didn’t
tithe to any particular church and pastor. “All crooks,” he said dryly.
They stay home and hold their own Sunday service there.
James Cameron gives us Avatar and the planet
Pandora, which is Gaia brought to life in the most savage denunciation
of imperial exploitation—explicitly American—ever brought to screen. Now
a huge hit, Avatar is the most expensive antiwar film ever
made (at $200 million, about half the cost of a single F-22). “It is
nature which today no longer exists anywhere,” a peppery German called
Marx wrote in 1845. But Rousseau is having his revenge on Karl. The
night I went to Avatar the audience cheered when Pandora, as a
single Gaian organism, puts Earth’s predatory onslaught to flight and
man’s war machines are crushed by natural forces. Against Genesis
and the Judeo-Christian tradition, pagan mysticism is carrying the day,
at the level of fantasy as it is in those astrological manuals down in
the Bible belt.
February 26
An orca whale – Tillikum, drowned 40-year-old Dawn
Brancheau last Wednesday in the Shamu tank, at SeaWorld, Orlando, after
grabbing her by her ponytail.
SeaWorld got its start in the mid-1960s, founded by
four UCLA grads planning to run an underwater restaurant and marine life
exhibit. After various ups and downs, in the late 1980s, the three
SeaWorlds passed into the hands of the vast brewing conglomerate
Annheuser-Busch, which pumped millions into upgrades, finally selling
the theme parks to the Blackstone Group for $2.7 billion in 2009.
So, there’s a lot riding on the slave orcas toiling
away (according to a SeaWorld official, as many as 8 times per a day,
365 days a year) as the star attractions in each of the Shamu stadiums.
The first Shamu was put to work in the San Diego SeaWorld, now on its
fifty-first “Shamu” – one of 20 enslaved orcas presently owned by
Blackstone. Tillikum’s asset value is enhanced by his duties as a sperm
donor. He’s a breeding “stud” often kept in solitary, away from the
other orcas.
All the SeaWorld shows should be shut down, as should
all kindred exhibits. If it’s judged by an independent panel that the
artificially bred orcas simply couldn’t hack it in the wild blue yonder,
let them laze around in their pools and toss them an occasional
corporate executive, perhaps starting with slave-owner Pete Peterson,
co-founder of Blackstone, a public pest who richly deserves an orca jaw
clamped on his ankle.
April 4
I laugh when I read furious appeals by unbelievers
that Pope Benedict should quit, on the grounds he’s bringing the
Catholic Church into disrepute. It’s like the progressives’ fury against
Bush Jr for making America a laughing stock among the nations. Isn’t
that what we want? For the mighty to be brought low? There are noble,
radical Catholic priests. Pope Benedict XVI, formerly Prefect of the
Congregation for the Doctrine of the Faith (previous name: “Office of
the Holy Inquisition”) has spent his career seeking to destroy, with
kindred energies devoted to crushing overpowering testimony about
Catholic priests abusing boys. Does he not bear the marks of the
classic closet case, savagely denouncing homosexuality while effectively
protecting child abuse? The Italian press loses no opportunity to
comment on the manly beauty and stylish apparel of his personal
secretary and constant companion, Monsignor Georg Ganswein.
As Mathew Fox, formerly a Dominican, kicked out by
Ratzinger for denying the concept of original sin, and now an
Episcopalian, wrote in Tikkun, “Over the course of the last
twenty-three years, Cardinal Ratzinger (with the complete approval of
John Paul II) brought back the Inquisition. One prominent theologian,
Father Bernard Haering, who was the first church thinker to be attacked
by Ratzinger, had also been interrogated by the Nazis [ no doubt many of
them Bavarian Catholics] during the Second World War. He reported that
his interrogations in Ratzinger's office were far more scary.
April 9
The 17-minute video recording the US military’s
massacre from the air in Baghdad, is utterly damning. The visual and
audio record reveal the two Apache helicopter pilots and the US Army
intelligence personnel monitoring the real-time footage falling over
themselves to make the snap judgment that the civilians roughly a
thousand feet below are armed insurgents and that one of them, peeking
round a corner, was carrying an RPG, that is, a rocket-propelled
antitank grenade launcher.
The dialogue is particularly chilling, revealing
gleeful pilots gloating over the effect of their initial machine-gun
salvoes. “Look at those dead bastards,” one pilot says. “Nice,” answers
the other. Then, as a wounded man painfully writhes toward the curb, the
pilots eagerly wait for an excuse to finish him off. “All you gotta do
is pick up a weapon,” one pilot says yearningly.
Defense analyst Pierre Sprey, who led the design teams
for the F-16 and A-10 and who spent many years in the Pentagon,
stresses two particularly damning features of the footage. The first is
the claim that Noor-Eldeen’s telephoto lense could be mistaken for an
RPG. “A big telephoto for a 35mm camera is under a foot and half at
most. An RPG, unloaded , is 3 feet long and loaded, 4 foot long. These
guys were breathing hard to kill someone.”
April 16
With the impending departure from the U.S. Supreme
Court of Justice John Paul Stevens at the age of 89, we lose one of the
nation’s last substantive ties to Great Depression and to the effect of
that disaster on the political outlook of a couple of generations.
Between the year he went on the Court (put up by Gerald Ford in 1974 on
the recommendation of Ford’s attorney general, Chicagoan Edward Levi),
and 2010, John Paul Stevens voted against the government in criminal
justice and death penalty cases 70 per cent of the time. Only one
justice – William O. Douglas, whose seat Stevens took over – served
longer on the Court. When Justice Harry Blackmun retired in 1994,
Stevens became the senior associate justice and, thus, able to assign
opinions to the justice of his choice.
Who could the left put up, as an assertion of what a
truly progressive justice might look like? How about Steven Bright, of
the Southern Center for Human Rights, the country’s leading anti-Death
Penalty litigator from Kentucky? Or, David Cole, professor of law at
Georgetown? Or, Pamela Carlan, at Stanford, a former counsel for the
NAACP and openly gay? Or, Jonathan Turley, at George Washington, who is
particularly strong on civil liberties and the environment? Turley
defended Sami al-Arian, the Rocky Flats workers, attacked warrantless
wiretapping. Or, within the administration, Harold Koh, Korean American
and one of the principle legal appointments of the torture policies of
the Bush years? Koh was originally a Reagan appointee to the Office of
Legal Counsel. Turley says Koh is the closest we have to Justice
Brandeis.
Don’t hold your breath.
May 7
Oil drilling is one of the dirtiest of all businesses,
physically and politically. In recent years BP has spent many millions
in the US, trying to winch its reputation out of the mud with bright
advertising paeans to its green commitment. Along with its greenwashing
ad campaigns it’s staked $500 million on a biofuel research center at
the University of California’s Berkeley campus. Every gallon gushing
from the holes in the ocean floor in the Gulf of Mexico sinks the
company’s reputation back in the primal ooze of a reputation permanently
disfigured by environmental havoc, political bribes and ruthless
campaigns against those courageous enough to blow the whistle on the
company.
Obama now wags his finger at BP and vows that it will
pay for every penny of the clean-up. He actually took more campaign
money from B-P than did his Republican opponent in 2008, Senator John
McCain.
June 4
Israel regrets… But no! Israel doesn’t regret. It
preens and boasts and demands approval – which it duly gets from its
prime sponsor, the United States government, and most of the press.
The attack on the Mavi Marmara was carefully planned.
Israel is plunging into deeper darkness. As the
Israeli journalist Gideon Levy recently told one interviewer: “In the
last year there have been real cracks in the democratic system of
Israel.… It’s systematic—it’s not here and there. Things are becoming
much harder.” And Levy also wrote in Ha’aretz, “When Israel
closes its gates to anyone who doesn’t fall in line with our official
positions, we are quickly becoming similar to North Korea. When
right-wing parties increase their number of anti-democratic bills, and
from all sides there are calls to make certain groups illegal, we must
worry, of course. But when all this is engulfed in silence, and when
even academia is increasingly falling in line with dangerous and dark
views…the situation is apparently far beyond desperate.”
June 11
Aggrieved British politicians denounce the Obama
administration for throwing heavy emphasis on the formally discarded
“British” in BP. What do they expect? Here in Petrolia, California (site
of spec oil drilling back in 1864) someone asked me at the post office
yesterday, was it true the Queen owned BP.
What goes around comes around. One of the greatest
bailouts in history came in 1953, when the Eisenhower administration
authorized a CIA-backed coup in Iran. The Anglo-Iranian Oil Company,
owned by the British government, had been expropriated and nationalized
in 1951 by unanimous vote of Iran’s parliament. The ’53 coup evicted
prime minister Mohammed Mossadeq and installed Shah Reza Pahlevi, the
creature of the West’s oil companies , with full tyrannical powers. The
AIOC got back 40 per cent of its old concession and became an
internationally owned consortium, renamed… British Petroleum.
July 2
There’s been ripe chortling about the spy network run
in the U.S.A. by the Russian SVR – successor to the KGB in the area of
foreign intelligence. The eleven accused were supposedly a bunch of
bumblers so deficient in remitting secrets to Moscow across nearly a
decade that the FBI can’t even muster the evidence to charge them with
espionage.
All of the defendants who appeared in the New York
court except one, the fetching Anna Chapman, are also charged with
conspiracy to commit money laundering, which carries a maximum penalty
of 20 years of prison. Assuming their lawyers don’t get them off, a
doubtful proposition, we can assume the Russians will round up 11
Americans, accuse them of spying and then do a trade. Then both sides
will start again, the Russians training fresh sets of agents to spout
American baseball records, burn hamburgers over the backyard grill, jog
and do other all-American things like have negative equity on their
houses and owe the IRS money, and the Americans forcing their agents to
read Dostoevsky.
July 9
It’s the worst of times. America is plunging back into
Depression. Only one out of every two Americans of working age has a
job. Across the last two months, more than a million Americans simply
gave up seeking employment, even as benefits are running out..
Somewhere near 10 million Americans without work
aren't getting any kind of check. One in every five children is living
below the poverty line, sometimes by as much as 50 per cent – classed as
"extreme poverty".
The stimulus has failed. The housing market is in free
fall. A couple of months ago market analysts predicted there would be
five million more foreclosures between now and 2011 and it looks like
they're on target. Forty per cent of delinquent homeowners have already
loaded up the SUV, thrown the plastic chairs in the swimming pool and
tossed the house keys back at the bank.
For tens of millions of Americans the house is as
central and crucial a financial asset as a pig was for an Irish peasant
family in the 19th century. The pig, as the old Irish saying goes, was
"the man beside the fire". It had the place of honor. The pig died, the
family starved.
People are down. I meet young people every day who say they've simply given up watching the news. It's all too depressing.
August 6
It took a gay Republican judge with libertarian
leanings to issue from the bench, in a US District courthouse in San
Francisco, one of the warmest testimonials to the married state since
Erasmus. Last Wednesday Vaughan R. Walker, struck down California’s ban
on gay marriage, prompting ecstatic rejoicing among a mostly gay crowd
outside the courthouse. His ruling was the first in the country to
strike down a marriage ban on federal constitutional grounds.
A final judicial verdict is years away, because
appeals will now wend their way slowly through the system until they
reach the US Supreme Court, six of whose nine current members are
Catholics.
Judge Walker marshals the testimony mustered by the
plaintiffs, those challenging Prop 8, into a veritable thesaurus of the
miracles wrought by the marriage ceremony. At the mere overture of “Wilt
thou take..” it seems that anxieties about self-worth, the burdens of
low self esteem, the shadows of social ostracism dissipate in the warm
glow of the marriage contract.
In fact the drive for gay marriage is against the
trend of the times, which is the single state, or people increasingly
united - depending on the state they live in - by some form of civil
union for the purpose of benefits, pensions, health care, wills,
inheritances and so forth. Across America, on the last Census, there
were 100 million unmarried employees, consumers, taxpayers, and voters
who headed up a majority of households in 22 states, more than 380
cities.
Gays are crowding to board a sinking ship. Married
couples with kids, who filled about 90 per cent of residences a century
ago, now total about 20 per cent. Nearly 30 per cent of homes are
inhabited by someone who lives alone -- no doubt awaiting foreclosure.
The 2010 Census should show further dramatic changes.
If he’s for civil union, Barack Obama should give
marriage, straight or gay, the coup de grace by pressing for a revision
of federal laws to allow those in civil unions – straight and gay - to
inherit their due portion of Social Security benefits of their
deceased partners. That really would be a gamechanger.
Final irony. The Tea Party howls that communist
sodomites are destroying America. Judge Walker, one of two openly gay
federal judges in America, was given his first appointment to the bench
by Ronald Reagan, advanced by George Bush Sr and, as a libertarian,
avers that selection of lawyers judging financial and drug cases should
be governed by public auction. He’s no Commie. Anyway, Commies were
often notable for their enormously long marriages. In the old days I was
always being asked along to some spry Red couple’s golden or diamond
anniversary, the premises invariably wreathed in cigarette smoke. There
are some no doubt still out there, heading for the granite anniversary,
which is the 90th – which surely must take the physical form of the
tombstone at their heads, cigarettes extinguished at last.
August 29
If the attack on Iraq was a “war for oil,” it scarcely went well for the United States.
Run your eye down the list of contracts the Iraqi
government awarded in June and December 2009. Prominent is Russia’s
Lukoil, which, in partnership with Norway’s Statoil, won the rights to
West Qurna Phase Two, a 12.9 billion–barrel supergiant oilfield. Other
successful bidders for fixed-term contracts included Russia’s Gazprom
and Malaysia’s Petronas. Only two US-based oil companies came away with
contracts: ExxonMobil partnered with Royal Dutch Shell on a contract for
West Qurna Phase One (8.7 billion barrels in reserves); and Occidental
shares a contract
in the Zubair field (4 billion barrels), in company
with Italy’s ENI and South Korea’s Kogas. The huge Rumaila field (17
billion barrels) yielded a contract for BP and the China National
Petroleum Company, and Royal Dutch Shell split the 12.6 billion–barrel
Majnoon field with Petronas, 60-40.
Throughout the two auctions there were frequent bleats
from the oil companies at the harsh terms imposed by the auctioneers
representing Iraq, as this vignette from Reuters about the bidding on
the northern Najmah field suggests: “Sonangol also won the nearby
900-million-barrel Najmah oilfield in Nineveh.… Again, the Angolan firm
had to cut its price and accept a fee of $6 per barrel, less than the
$8.50 it had sought. ‘We are expecting a little bit higher. Can you go a
little bit higher?’ Sonangol’s exploration manager Paulino Jeronimo
asked Iraqi Oil Minister Hussain al-Shahristani to spontaneous applause
from other oil executives. Shahristani said, ‘No.’”
So either the all powerful US government was unable to
fix the auctions to its liking, or the all powerful US-based oil
companies mostly decided the profit margins weren’t sufficiently
tempting. Either way, “the war for oil” doesn’t look in very good shape.
The left – or a substantial slice of it – snatches
defeat from the jaws of a victory over America’s plans for Iraq by
proclaiming that America has successfully established what Milne
calls “a new form of outsourced semi-colonial regime to maintain its
grip on the country and region.” Iraq is in ruins – always the default
consequence of American imperial endeavors. The left should report
this, but also hammer home the message that in terms of its proclaimed
objectives the US onslaught on Iraq was a strategic and military
disaster. That’s the lesson to bring home.
September 10
By the end of the week, the air was so thick with
pieties about the need for tolerance and respect for all creeds that one
yearned for the Rev. Terry Jones, mutton chop whiskers akimbo, to
rescind his last minute cave-in, stiffen his spine, then toss those
Korans into the burn barrels outside his Gainesville church in Florida
and torch them on this year’s anniversary of 9/11.
Jones announced on Thursday that he was canceling his
Koran burning plan after getting a pledge that the scheduled Muslim
center near Ground Zero in lower Manhattan would be moved. When it
turned out there was no such pledge Jones hinted he might just reach for
the kerosene can after all. But in the end he wimped out.
October 1
Rahm Emanuel, is quitting the White House, prelude to a bid to become mayor of Chicago.
By the time Obama hired him, Emanuel already had a
proven record of toadyism to corporate America and the neocon lobby,
Emanuel’s political profile was scarcely a secret , and so the fact that
Obama picked him as his chief of staff was a painful kick in the
stomach for all those foolish souls who thought Obama’s victory presaged
exciting changes in America’s course.
What is it about these paste-board Svengalis, that prompts the press to close its eyes to their manifest incompetence?
Obama had Emanuel guiding him into one disaster after
another. His predecessor in the White House,, George W. Bush, fared just
as badly, if not worse at the hands of his political counselor, Karl
Rove, to this day touted in the press and particularly on the left as a
pastmaster in the dark arts of dirty politics.
The prime task of a political counselor is to keep his
patron's polling numbers high, and enhance his political clout. Rove
left his employer with ratings in the low thirties, with almost zero
political capital in the bank.
October 8
George Soros announced a few weeks ago that he is
giving $100 million to Human Rights Watch—conditional on the
organization to find a matching $100 million a year from other donors
for ten years. He’s been rewarded with ringing cheers for his
disinterested munificence.
With Soros’s extra money, HRW will be dangling big
funds at its non-American recruits. Regarding the hefty salaries that
will surely follow, it’s worth raising the experience of Eritrea, which
immediately got into trouble with the NGO system after independence in
1991. Eritrea-based journalist Tom Mountain tells me, “For one, Eritrea
won’t allow the NGOs to pay above civil service salaries. Why? NGOs come
into a country and find the best and brightest and give them salaries
ten or twenty times the local rate, buying their allegiance and often
turning them against their country. Two, Eritrea has implemented a 10
percent overhead policy, and all the NGOs that couldn’t or wouldn’t
comply with the documentation were kicked out, about the same time
Eritrea kicked out the UN ‘peacekeepers’ here.”
NGOs endowed by the rich are instinctively hostile to
radical social change, at least in any terms that a left-winger of the
1950s or ’60s would understand. The US environmental movement is now
strategically supervised and thus neutered as a radical force by the
Pew Charitable Trusts, the lead dispenser of patronage and money.
Back at the dawn of the twentieth century Lenin and
Martov were organizing their international Congresses and looking for
grant money to this end. Martov, the Menshevik, told Lenin he must
absolutely stop paying for the hotels and halls with money hijacked by
Stalin from Georgian banks in Tblisi. Lenin reassured Martov, and then
asked Stalin to knock over another bank which he did, Europe’s record
bank heist up till that time. It was one way, perhaps the only way, past
the grip of cautious millionaires. Then as now.
October 29
The sun will rise next Wednesday on a new American
landscape, the same way it rose on a new American landscape almost
exactly two years ago.
That was the dawn of Obama-time. Millions of Americans
had dined delightedly on Obama's rhetoric of dreams and preened at his
homilies about the inherent moral greatness of the American people.
Obama and the Democrats triumphed at the polls. The
pundits hailed a "tectonic shift" in our national politics, perhaps even
a registration of the possibility that we had entered a "post-racial"
era.
The realities of American politics don't change much
from year to year. The "politics of division" which Obama denounced are
the faithful reflection of national divisions of wealth and resources
wider today than they have been at any time since the late 1920s.
In fact the "dream" died even before Obama was elected
in November 2008. Already in September that year Senator Obama, like
his opponent, Senator McCain, had voted, at the behest of Treasury
Secretary Hank Paulson (formerly of Goldman Sachs) and of Fed chairman
Ben Bernanke, for the bailout of the banks. Whatever the election
result, there was to be no change in the architecture of financial power
in America.
Contrary to a thousand contemptuous diatribes by the
left, the Tea Party is a genuine political movement, channeling the fury
and frustration of a huge slab of white Americans running small
businesses – what used to be called the petit-bourgeoisie.
The World Socialist Website snootily cites a Washington Post surveyfinding
the Tea Party to be a “disparate band of vaguely connected
gatherings.” The WSW sneers that the Post was able to make contact with
only 647 groups linked to the Tea Party, some of which involve only a
handful of people. “The findings suggest that the breadth of the tea
party may be inflated,” the WSW chortles, quoting the Post. You think
the socialist left across America can boast of 647 groups, or of any
single group consisting of more than a handful of people?
Who says these days that in the last analysis, the
only way to change the status quo and challenge the Money Power of Wall
St is to overthrow the government by force? That isn’t some old
Trotskyist lag like Louis Proyect, dozing on the dungheap of history
like Odysseus’ lice-ridden hound Argos, woofing with alarm as the shadow
of a new idea darkens the threshold.
Who really, genuinely wants to abolish the Fed, to
whose destruction the left pledges ever more tepid support? Sixty per
cent of Tea Party members would like to send Ben Bernanke off to the
penitentiary, the same way I used to hear the late great Wright Patman
vow to do to Fed chairman Arthur Burns, back in the mid-70s.
November 19
As Obama reviews his options, which way will he head?
He's already supplied the answer. He'll try to broker deals to reach
"common ground" with the Republicans, the strategy that destroyed those
first two years of opportunity. Even many of Obama’s diehard fans are
beginning to say that the guy hasn’t a backbone, no capacity to stand
and fight.
The left must abandon the doomed ritual of squeaking
timid reproaches to Obama, only to have the counselors at Obama’s elbow
contemptuously dismiss them, as did Rahm Emanuel, who correctly divined
their near-zero capacity for effective challenge. Two more years, of the
same downward slide, courtesy of bipartisanship and “working together”?
No way. Enough of dreary predictability. Let’s have a real mutiny
against Obamian rightward drift. The time is not six months or a year
down the road. The time is now.
The White House deserves the menace of a convincing
threat now, not some desperate intra–Democratic Party challenge late
next year. There has to be an independent challenge.
We have a champion in the wings.
This champion of the left with sound appeal to the
populist or libertarian right was felled on November 2, and he should
rise again before his reputation fades. His name is Russ Feingold,
currently a Democrat and the junior senator from Wisconsin. I urge him
to decline any job proffered by the Obama administration and not to
consider running as a challenger inside the Democratic Party. I urge
him, not too long after he leaves the Senate, to raise – if only not to
categorically reject -- the possibility of a presidential run as an
independent; then, not too far into 2011, to embark on such a course.
Why would he be running? Feingold would have a swift
answer. To fight against the Republicans and the White House in defense
of the causes he has publicly supported across a lifetime. He has
opposed the wars in Iraq and Afghanistan. His was the single Senate vote
against the Patriot Act; his was a consistent vote against the
constitutional abuses of both the Bush and Obama administrations. He
opposed NAFTA and the bank bailouts. He is for economic justice and full
employment. He is the implacable foe of corporate control of the
electoral process. The Supreme Court’s Citizens United decision
in January was aimed in part at his landmark campaign finance reform
bill. He broke with his party in Senate votes 93 times. At the end, he
voted against Obama’s “compromise” on extending the Bush tax cuts.
Run, Russ, run.
December 24
The prime constant factor in American politics across
the past six decades has been a counter-attack by the rich against the
social reforms of the 1930s.
Twenty years ago the supreme prize of the Social
Security trust funds – the government pensions that changed the face of
America in the mid-1930s - seemed far beyond Wall Street’s grasp. No
Republican president could possibly prevail in such an enterprise. It
would have to be an inside job by a Democrat. Clinton tried it, but the Lewinsky sex scandal narrowly aborted his bid.
If Obama can be identified with one historic mission
on behalf of capital it is this – and though success is by no means
guaranteed, it is closer than it has ever been.
As with Clinton, we have a opportunistic, neoliberal
president without a shred of intellectual or moral principle. We have
disconsolate liberals, and a press saying that Obama is showing
admirable maturity in understanding what bipartisanship really means.
Like Clinton, Obama is fortunate in having pwogs to his left only too
happy to hail DADTell as the rationale for continuing to support this
spineless slimeball. The landscape doesn’t change much, as evidenced by
the fact that Jeb Bush, former governor of Florida and George W’s
brother, looks as though he’s ready to make a bid for the Republican
nomination.
And now…On to the Next Great Awakening
Wadded up in our intellectual backpacks, ideas that
should be explosive get damp and moldy. Too often, we leftists slog
along history’s highway with stale, uncombustible stuff.
Heading into 2011 we give over this issue of our
newsletter to Mason Gaffney’s bracing excursion through America’s Great
Awakenings. To many on the left the topic of religion these days is
explored overwhelmingly in terms of quavering alarums about the
Christian Right. Gaffney challenges this patronizing perspective.
Remember the first five Awakenings? Gaffney takes us through them.
The First Great Awakening led after many years to the American and Jeffersonian Revolutions.
The Second Great Awakening led, after many years, to the Civil War and Abolition.
The Third Great Awakening led, after setbacks, to the Populist and then Progressive Movements.
The Fourth Great Awakening led to the New Deal
The Fifth Great Awakening led to the second Reconstruction, the Great Society, Feminism, and social upheavals.
When and whence will come the Sixth Awakening? Will it come soon? Read Gaffney’s absorbing history and predictions.
History springs endless surprises. Jeff Halper
suggested as much in this newsletter two issues ago, apropos Israel and
Palestine. Now Gaffney challenges us to think freshly about the
intellectual and religious motors of our history and future. On into
2011 with fresh stuff in our backpacks!
Subscribe to CounterPunch and read Gaffney’s piece, have it your inbox, prontissimo, as a pdf, or – at whatever speed the US Postal Service first-class delivery system may muster – in your mailbox.
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And once you have discharged this enjoyable mandate I also urge you strongly to click over to our Books page for your Christmas gifts, most particularly our latest release, Jason Hribal’s truly extraordinary Fear of the Animal Planet
– introduced by Jeffrey St Clair and already hailed by Peter Linebaugh,
Ingrid Newkirk (president and co-founder of PETA) and Susan Davis, the
historian of Sea World, who writes that “Jason Hribal stacks up the
evidence, and the conclusions are inescapable. Zoos, circuses and theme
parks are the strategic hamlets of Americans’ long war against nature
itself.”
Happy New Year to all of you from all of us, here at CounterPunch.
Alexander Cockburn can be reached at alexandercockburn@asis.com.
CounterPunch Print Edition Exclusive!
Is the Next Great Awakening at Hand?
The First Great Awakening led after many years to the American and Jeffersonian Revolutions.
The Second Great Awakening led, after many years, to the Civil War and Abolition.
The Third Great Awakening led, after setbacks, to the Populist and then Progressive Movements.
The Fourth Great Awakening led to the New Deal
The Fifth Great Awakening led to the second Reconstruction, the Great Society, Feminism, and social upheavals.
Is The Sixth Great Awakening now due? What
quarter will it come from? Read Mason Gaffney’s extraordinary history
and predictions.
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PENSAMIENTO ECONÓMICO DEL CHE GUEVARA
El concepto con el que mejor podemos definir al Che Guevara es que fue
un revolucionario integral. Y lo fue en un doble sentido: porque siempre
estuvo dispuesto a darlo todo por la causa en la que creía (y
efectivamente lo dio); y porque en su persona se conjugaron todas las
facetas del revolucionario: fue guerrillero, fue dirigente político y
jugó también un importante papel como teórico, legando numerosos
escritos y discursos en los que abordó cuestiones fundamentales para el
pensamiento comunista, y en los que expresó valiosas ideas que, sin
duda, deben ser tenidas muy en cuenta por todos aquellos que
consideramos que aún queda mucho futuro por construir más allá del caos y
la barbarie capitalistas.

Es a reivindicar el papel del Che como teórico, como pensador
revolucionario (en este caso, en relación al ámbito económico), a lo que
está dedicado este artículo. Y no por una simple cuestión de justicia
histórica –que también-, sino porque hacerlo es una necesidad, en el
sentido de que reivindicar el pensamiento del Che es reivindicar un
proyecto: un proyecto de socialismo desarrollado sobre bases
revolucionarias en todos los órdenes (económico, político, social,
ideológico...).
Vaya por delante que este artículo no pretende tener un carácter hagiográfico. No pretende llevar la reivindicación del Che más allá de lo razonable. El Che, ciertamente, no escribió “El Capital” ni el “¿Qué hacer?” ni “Del socialismo utópico al socialismo científico”. Tampoco lo pretendió. El Che no abordó la labor teórica de una manera sistemática, sino como una parte más de su actividad revolucionaria. Sin embargo, hizo aportaciones concretas en ámbitos concretos que no carecen de importancia. Y su gran mérito fue, principalmente, haber retomado cuestiones que fueron relegadas por el movimiento comunista internacional debido a la perniciosa influencia ideológica ejercida por el revisionismo de los Jruschov, Breznev y compañía y su no menos pernicioso modelo de “construcción” socialista, que terminó siendo un modelo de deconstrucción socialista, como desgraciadamente se puso de manifiesto con la debacle del “campo socialista” acaecida a finales de los 80 y principios de los 90 del siglo pasado.
¿Cuáles fueron esas cuestiones que retomó el Che?
Analizó los conceptos de mercancía y de la ley del valor y el encaje que los mismos debían tener en una economía socialista. También analizó qué tipo de relaciones debían establecerse entre las empresas socialistas y entre éstas y los trabajadores, su organización y los mecanismos de financiación; la forma en que había que estimular a los trabajadores en la producción, si con los estímulos morales o con los estímulos materiales, si con los estímulos colectivos o los individuales. Por otra parte, abordó la cuestión, central en el pensamiento del Che, del papel que la conciencia de los trabajadores debía jugar en el proceso de construcción socialista, de cómo la conciencia debía transformarse y ser, al mismo tiempo, un motor para la transformación de la sociedad. El Che era un firme defensor de la consigna de que el comunismo, la sociedad sin clases (libre, por tanto, de toda forma de opresión y explotación), es una etapa histórica a la que se llega conscientemente. Es un tipo de sociedad que, por decirlo así, no cae del cielo, sino que requiere de la voluntad, de la convicción y de la determinación de los trabajadores por alcanzarla. Cuando se carece de estos elementos, ya vemos en qué acaban las cosas: el socialismo se anquilosa, se esclerotiza y termina por perecer. Ésta es una de las principales conclusiones que se deben extraer de la experiencia de la Unión Soviética y otros países socialistas (como China, que, aun dándose el nombre de socialista, no es sino un país capitalista y una potencia imperialista en ciernes). Los dirigentes de la Unión Soviética post-Stalin defendían (entre otras desviaciones político-ideológicas) la teoría de que la construcción socialista consistía, básicamente, en lo que se conoce como desarrollo de las fuerzas productivas, en el aumento de la riqueza social, la mejora de las condiciones de vida y el incremento de la cantidad y variedad de los productos de consumo, sin que, al mismo tiempo, se diera un desarrollo parejo en la conciencia socialista de los trabajadores.
Olvidaban o más bien obviaban deliberadamente (estamos hablando de elementos revisionistas y, por tanto, ajenos al marxismo, enfrentados al marxismo) que el socialismo no es sólo un hecho económico, sino también un hecho político, ideológico, un hecho de conciencia y de consciencia.
Ésta era la visión del Che (y debe ser la visión de cualquier comunista consecuente), para quien la construcción de una nueva sociedad era un imposible si no se construía el “hombre nuevo”, con una ideología, una moral y unos valores diametralmente opuestos a los predominantes en las sociedades capitalistas, con toda su carga de individualismo, egoísmo e insolidaridad. Éste era el eje en torno al cual debía girar el proceso de construcción socialista, su piedra de toque.
I
Gran parte de la obra teórica del Che trata sobre cuestiones económicas. Esto es así porque, como miembro del gobierno revolucionario cubano, desempeñó funciones principalmente en el terreno de la economía: primero, como máximo responsable del Banco Nacional, y, más tarde, como Ministro de Industria.
La filosofía por la que se rige su pensamiento económico es la misma por la que se rige el conjunto de su pensamiento: el hombre es el centro de todo, transformando la sociedad y transformándose a sí mismo: «El desarrollo socialista (...) de un país (...) se hace para el hombre, no se hace para ninguna entelequia, no se está buscando nada fuera de la felicidad del hombre».(1) ¿Pero a qué se refiere el Che cuando habla del hombre? ¿Está hablando del hombre en general, abstracto, al margen de la sociedad de clases y de los conflictos que se dan en ella? ¿Acaso participa el Che de esa visión del hombre que postula cierta concepción “humanista” burguesa y reaccionaria? Desde luego que no. El hombre del que habla el Che es concreto y está inserto, como no puede ser de otra manera, en la sociedad de clases y en la lucha de clases. Tiene una realidad, una materialidad. Este hombre se encarna en los trabajadores y trabajadoras. El Che es, efectivamente, un humanista, pero en el sentido marxista. Y, como tal, no puede concebir a ese hombre genérico y abstracto. Este hombre no existe. No es más que una figura mítica. El hombre, el ser humano, está dividido en clases. Y el Che toma parte por una de estas clases: por la de los explotados. Cuando habla de la felicidad del hombre, no se refiere a la felicidad del burgués (que no deja de disfrutarla en el capitalismo, a costa de la infelicidad de la inmensa mayoría), sino a la de los trabajadores y trabajadoras, que con el socialismo pueden por fin aspirar a construir una realidad en la que no sean considerados como meros medios de producción, como simples creadores de riqueza para el parásito capitalista de turno, en la que pasen de ser sujetos pasivos del devenir político, económico y social a ser sujetos activos de ese devenir, en la que puedan desarrollarse como hombres y mujeres libres, plenos, accediendo, no sólo a un bienestar material, sino también a la cultura y el conocimiento, dejando atrás el embrutecimiento y la ignorancia a que les condena la sociedad burguesa.
El hombre, decimos, es el centro del pensamiento económico del Che. Hasta tal punto es así que, al contrario de lo que defendían los revisionistas soviéticos y los dirigentes cubanos que seguían las tesis de éstos, para los que la rentabilidad y la productividad era lo más importante en la actividad económica, en la concepción del Che, esa rentabilidad y esa productividad, aun siendo fundamentales (sin un aparato económico eficiente no hay socialismo que valga), son elementos subordinados respecto a las condiciones de vida de los trabajadores y a la necesidad de transformar su conciencia, de fortalecer su compromiso con la construcción socialista. Es decir: se necesitan el máximo de rentabilidad y productividad posibles, pero no a cualquier precio ni de cualquier manera. Un ejemplo de ello lo tenemos en el proceso de mecanización y tecnificación de la industria y la agricultura cubanas que se comenzó a principios de los años 60. Este proceso resultaba vital para la economía cubana, por cuanto, desde el punto de vista tecnológico, estaba prácticamente en la prehistoria. Por otro lado, sin embargo, Cuba tenía un grave problema de desempleo al que, evidentemente, se quería dar solución. De modo que la Revolución Cubana se encontraba ante una disyuntiva: si el aparato productivo se tecnificaba demasiado rápido, iba a ser imposible dar solución al problema del desempleo, puesto que uno de los efectos que tiene el aumento del componente tecnológico en la actividad productiva es precisamente el de reducir la necesidad de fuerza de trabajo humana; pero, si no se tecnificaba el aparato productivo en el menor tiempo posible, la economía cubana no sería “competitiva”, no podría salir del atraso en que se encontraba. ¿Qué hacer? El Che defendía que había que acompasar el proceso de tecnificación a la solución de un problema social como el del desempleo. Para el Che, «la mecanización de un sistema socialista que se preocupa sustancialmente del hombre, no significa nunca el desempleo».(2)
Otro ejemplo de esto que decimos lo tenemos en la política de precios que propugnaba el Che. Esta política de precios también debía tener un contenido social. Para el establecimiento de los precios de consumo que se creaban en las empresas socialistas, sobre todo de los productos de primera necesidad, había que proceder, no en base a criterios como el de los costos de producción, sino con miras a hacerlos más accesibles a la población, incluso vendiéndolos por debajo de sus costos de producción. No había que tener un criterio de rentabilidad, sino, como decimos, un criterio social. «(...) parte de nuestra concepción está referida a la no necesaria coincidencia o relación íntima entre el costo de producción y el precio.»(3) «(...) toda una serie de artículos de carácter fundamental para la vida del hombre deben ofrecerse a precios bajos, aunque en otros menos importantes se cargue la mano con manifiesto desconocimiento de la ley del valor en cada caso concreto.»(4) «(...) la rentabilidad relativa sería sólo un índice, ya que lo que realmente interesa es la rentabilidad general del aparato productivo.»(5) La política de precios, por tanto, debía fundamentarse sobre un criterio no meramente económico. Pero el Che tampoco renuncia al concepto de rentabilidad. Esta política de precios debe ser rentable, aunque no desde el punto de vista de cada producto de consumo particular, sino desde el punto de vista de los productos de consumo en su conjunto. Las “pérdidas” que se produjeran en determinados artículos al venderse a precios muy bajos o incluso por debajo de sus costos de producción se verían compensados encareciendo otros (los menos importantes para la vida). En definitiva, para el Che, tan importante era la rentabilidad económica del aparato productivo como lo que podemos llamar su “rentabilidad social”. Ambos conceptos debían ir ligados. ¿De qué sirve un aparato económico perfectamente eficiente si, al mismo tiempo, no sirve para atender las muy diversas exigencias de la construcción socialista? Rentabilidad, sí; eficiencia, también, pero para profundizar en la construcción socialista, sobre bases revolucionarias y teniendo siempre como referente a quienes son el centro del proceso revolucionario: los trabajadores y trabajadoras.
II
Ahora pasemos a cuestiones de mayor calado.
¿Qué política económica general defendía el Che? ¿Sobre qué parámetros debía establecerse? ¿De qué manera entendía que había que organizar la economía socialista? Ya hemos apuntado algunas ideas al respecto. Pero hagamos un pequeño esquema. Para el Che, una política económica consecuentemente socialista y revolucionaria debe cumplir, fundamentalmente, con tres requisitos: Primero: que contribuya a crear un aparato económico y productivo eficiente que permita cubrir todas las necesidades materiales de la sociedad y mejorar cada vez en mayor medida sus condiciones de vida. Esto tendría que ver con lo que se conoce como desarrollo de las fuerzas productivas.
Segundo: que facilite la eliminación, del modo más rápido posible, aunque respetando las fases y los tiempos por los que debe transitar necesariamente la construcción económica socialista, de las relaciones económicas y categorías heredadas del capitalismo que aún se mantengan en pie tras la toma del poder por los trabajadores, como lo son la propiedad privada en sus diferentes formas, la economía mercantil, la ley del valor, el interés material como principal palanca de la producción, etc.. «Entendemos que durante cierto tiempo se mantengan las categorías del capitalismo y que este término no puede determinarse de antemano, pero las características del período de transición son las de una sociedad que liquida sus viejas ataduras para ingresar rápidamente a la nueva etapa. La tendencia debe ser (...) a liquidar lo más rigurosamente posible las categorías antiguas.»(6)
Tercero: que cree las condiciones para que los trabajadores gradualmente vayan adquiriendo una mayor conciencia comunista, para que se impliquen en la gestión y administración de la economía, para que asuman cada vez más responsabilidades en este terreno, para que se transformen, en definitiva, en el “hombre nuevo” del que hablaba el Che.
Esta política económica debía cumplir en igual medida con los tres requisitos, entendiéndolos como un todo articulado en el que si falla una de sus partes falla el mecanismo en su conjunto. ¿Y con qué modelo económico pretendía cumplir con estos requisitos o condiciones? El Che, junto con sus colaboradores, y basándose en algunos aspectos de anteriores experiencias socialistas, como la que lideró Stalin en la URSS, diseñó un modelo económico al que se le dio el nombre de Sistema Presupuestario de Financiamiento, el cual no sólo tenía que ver con cuestiones presupuestarias o de financiación, como indica su nombre; en su desarrollo, tenía implicaciones políticas e ideológicas muy importantes. No era, por tanto, un sistema que pudiéramos calificar como técnico, sino todo un proyecto de construcción económica profundamente socialista y profundamente revolucionario. Durante mucho tiempo, en Cuba, convivieron dos modelos económicos: uno era el que defendía el Che; y otro, el que defendían los revisionistas soviéticos (más bien antisoviéticos, pues los dirigentes de la URSS post-Stalin fueron precisamente eso: elementos antisoviéticos, anticomunistas, cuyo único objetivo era defender sus propios intereses y privilegios y destruir, como así hicieron, la obra iniciada con la Revolución de Octubre) y los dirigentes cubanos que estaban bajo su influencia, al que daban el nombre de cálculo económico o autogestión financiera. El primero se aplicaba en las empresas que dependían del Ministerio de Industria, dirigido por el Che. El segundo, en las empresas que estaban bajo la dirección del INRA (Instituto Nacional de Reforma Agraria), que, como su propio nombre indica, se encargaba de la actividad agropecuaria y de la industria directamente relacionada con ella. No obstante, esta convivencia terminó a mediados de los 70. El cálculo económico revisionista se acabó aplicando al conjunto de la economía cubana. Las tesis revisionistas acabaron ganando la batalla. Y las consecuencias que de ello se derivaron fueron las que ya anticipara el Che. El Comité Central del Partido Comunista Cubano, en un pleno que tuvo lugar en 1986, se vio obligado a reconocer: «(...) la tendencia economicista que pretende promover el cumplimiento de los objetivos en la producción(...) únicamente con resortes materiales (...) no origina una conducta laboral satisfactoria y, por el contrario, entroniza la indisciplina, la desidia y el desinterés por los objetivos sociales». En el mismo documento, también se afirma: «el predominio de tal concepción, profundamente errónea durante los últimos años, provocó sensibles descuidos del trabajo político e ideológico. Introdujo prácticas que tendían a corromper y metalizar [es un término que parece que se refiere al hecho de que no se busque otra cosa que el interés económico o monetario- Nota del autor] a trabajadores y dirigentes, engendró deformaciones tecnocráticas y burocráticas que provocaban la hipertrofia de las plantillas, impedían hallar fórmulas racionales (...) para el mejor aprovechamiento de la fuerza laboral, afectaban a la calidad del trabajo y promovían una creciente infuncionalidad e ineficacia de todo el aparato productivo del país». Y el propio Fidel Castro, en el III Congreso del PCC, también en el año 86, dijo: «no debemos renunciar a la idea de la rentabilidad de la empresa, ni a la idea del cálculo económico. No estoy en contra de ninguno de esos mecanismos o categorías, siempre que entendamos bien que es el trabajo político, el trabajo revolucionario, el sentido de responsabilidad de los cuadros (...) lo que puede hacer posible la eficiencia (...)». Rectificaba, pero sólo a medias, porque no iba al fondo del problema. Señalaba (de una manera un tanto titubeante, eso sí) que la clave de la construcción económica socialista estaba en el desarrollo de la conciencia de los trabajadores, en su compromiso consciente con esa construcción. Sin embargo, al mismo tiempo, dice que no se debe renunciar al cálculo económico (el tipo de cálculo económico que se aplicaba en Cuba, proveniente de las sucias manos del revisionismo soviético). Y es aquí donde está el error. El origen de las disfunciones que se estaban dando se encontraba en el propio sistema de cálculo económico o autogestión financiera. El Che, 20 años antes de esta semiautocrítica del PCC, ya dijo: «persiguiendo la quimera de realizar el socialismo con la ayuda de las armas melladas que nos legara el capitalismo (la mercancía como célula económica, la rentabilidad, el interés material individual como palanca, etc.), se puede llegar a un callejón sin salida».(7)
Sus palabras se vieron confirmadas en su totalidad. Se había llegado efectivamente a un callejón sin salida; sólo se podía superar esta situación de una manera: renunciando al sistema de cálculo económico que proponía el revisionismo, con el cual se pretende construir el socialismo bajo premisas capitalistas y que, por tanto, a lo que conduce es a truncar, a abortar el proyecto socialista. Además, este sistema ha demostrado no ser eficiente ni siquiera desde el punto de vista puramente económico. Es un sistema inservible, aunque el revisionismo lo haya presentado siempre como el no va más de los sistemas de gestión económica. Los resultados están a la vista, hablan por sí solos: el “campo socialista” se vino abajo, en gran medida, por persistir en la utilización de este sistema. Y gran parte de los problemas por los que atraviesa la Revolución Cubana desde hace años se deben a la muy lamentable decisión que supuso adoptar el modelo económico “soviético” a mediados de los 70, en detrimento del modelo que defendía el Che; modelo este que, mientras estuvo en funcionamiento, demostró ser más eficiente y hacer más por la construcción socialista (entendiéndola como un proceso multifacético, en el que entran en juego elementos económicos, políticos, ideológicos, sociales y morales) que aquél. No estaba exento de deficiencias. El propio Che las reconocía. Pero hubieran podido haber sido superadas con el tiempo, en la medida en que el sistema, en su desarrollo, se hubiera ido perfeccionando. Sin embargo, los dirigentes cubanos, después de la muerte del Che, optaron por el nada revolucionario principio de “más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer”. Y ello les llevó a transitar por los caminos trillados que les señalaban los economistas “soviéticos”. Ésa fue, como decimos, una mala decisión que ha creado no pocos problemas a
la Revolución Cubana.
Pero estamos yendo demasiado rápido. Veamos con más detenimiento cuáles son las diferencias que se establecen entre el modelo del Che y el cálculo económico revisionista o de autogestión financiera. Se puede decir que las diferencias son todas. Y no puede ser de otra manera, puesto que nos encontramos ante un modelo socialista y ante otro que sólo lo es a medias; ante un modelo que rompe con el capitalismo y ante otro que se mantiene ligado a él por múltiples lazos. En palabras del Che:«Para nosotros, una empresa es un conglomerado de fábricas o unidades que tienen un base tecnológica parecida, un destino común para su producción o, en algún caso, una localización geográfica limitada; para el sistema de cálculo económico, una empresa es una unidad de producción con personalidad jurídica propia».(8) «Otra diferencia es la forma de utilización del dinero; en nuestro sistema sólo opera como dinero aritmético, como reflejo, en precios, de la gestión de la empresa, que los organismos centrales analizarán para efectuar el control de su funcionamiento; en el cálculo económico es no sólo esto, sino también medio de pago que actúa como instrumento indirecto de control, ya que son estos fondos los que permiten operar a la unidad y sus relaciones con el banco son similares a las de un productor privado en contacto con bancos capitalistas».(9)
«Consecuentemente con la forma de utilizar el dinero, nuestras empresas [las que funcionan bajo el modelo del Che] no tienen fondos propios; en el banco existen cuentas separadas para extraerlos y depositarlos, la empresa puede extraer fondos según el plan, de la cuenta general de gastos y de la especial para pagar salarios, pero, al efectuar un depósito, éste pasa a poder del Estado automáticamente».(10) A simple vista, no parecen muy importantes estas diferencias. Pero, al profundizar un poco en ellas, vemos que tienen implicaciones de enorme calado. En el cálculo económico revisionista, al tener las empresas personalidad jurídica propia, es decir, al ser entes autónomos y disponer de fondos económicos propios, que pueden administrar, dentro de ciertos límites, como crean más conveniente los responsables de esas empresas, se están reproduciendo esquemas capitalistas, relaciones capitalistas. Tenemos una empresa que cuenta con un capital, que lo gasta más o menos como quiere y que, además, puede obtener beneficios (en el cálculo económico, existe la posibilidad de obtener beneficios por parte de las empresas, aunque se les dé el nombre de “premios de producción” u otros, porque se considera que contribuye a potenciar la producción). Y este sistema guarda muchas semejanzas con eso que llamamos capitalismo, si bien dándole un barniz socialista con el que se oculta su verdadera naturaleza. En el sistema del Che, las empresas no tienen fondos propios. Éstos están en manos del banco estatal, que los administra en función de lo establecido por el plan económico general. Y los fondos que estas empresas pudieran recibir por cualquier motivo van también íntegramente al banco estatal. No hay posibilidad de obtener beneficios en un sentido capitalista. Tanto los responsables de las empresas como los trabajadores simplemente reciben el sueldo que está estipulado y, en determinados casos, ciertos premios cuando han destacado por algún motivo. Aunque en la cuestión de los premios y los estímulos también se sigue un criterio estrictamente socialista. Deben predominar los estímulos morales sobre los materiales y los colectivos sobre los individuales.
Con el sistema presupuestario, lo que se busca es que las empresas socialistas no se conviertan en entes autónomos unos de otros, cada uno buscando su propio provecho; que no se alimenten ni cobren fuerza las tendencias capitalistas, la competencia, el egoísmo, la estrechez de miras y el individualismo burgueses; que, por el contrario, todo el aparato económico, cada una de sus unidades productivas, cada uno de sus trabajadores, remen en una misma dirección, poniendo los intereses colectivos del conjunto de los trabajadores por delante de los intereses particulares de los trabajadores de ésta o la otra empresa o fábrica. Por eso las empresas sometidas a este sistema no tienen personalidad jurídica propia ni cuentan con fondos económicos propios: no son otra cosa que engranajes de la gran máquina socialista, que será capaz de avanzar más rápido, de acercarnos a la sociedad comunista en la medida en que todos sus componentes funcionen correctamente, de manera equilibrada y armónica.
Con el cálculo económico revisionista, esa gran máquina socialista no existe. Predominan la atomización económica, la dispersión y todas las lacras ya apuntadas y algunas más. La planificación económica (tan esencial, tan indispensable para el proyecto socialista) cede su lugar al caos económico.
Continuemos con este examen comparativo de uno y otro sistema.
Otro aspecto en el que se pone de manifiesto la esencia burguesa del cálculo económico revisionista lo tenemos en el modo en que circulan los productos (materias primas, maquinaria, productos de consumo, etc.) dentro de la economía socialista. En el sistema del Che, las relaciones de tipo mercantil quedan reducidas al mínimo. De hecho, estas relaciones no tienen lugar más que en el momento en que un producto ya acabado se vende al consumidor o en el ámbito del comercio exterior. «Nuestra concepción (...) considera el producto como un largo proceso del flujo interno durante el transcurso de todos los pasos que debe dar en el sector socialista hasta su transformación en mercancía, lo que ocurre solamente cuando hay un traspaso de propiedad. Este traspaso se realiza en el momento en que sale del sector estatal y pasa a ser propiedad de algún usuario».(11) «El paso de una empresa a otra (...) no debería ser considerado sino como una parte del proceso de producción que va agregando valores al producto (...)». (12) «Nosotros consideramos que el paso de un taller a otro o de una empresa a otra en el sistema presupuestario desarrollado, no puede ser considerado como un acto de cambio (...). Es decir, si mercancía es aquel producto que cambia de propiedad mediante un acto de cambio [de compra-venta], al estar dentro de la propiedad estatal todas las fábricas en el sistema presupuestario, (...) el producto solamente adquirirá características de mercancía cuando, llegando al mercado, pase a manos del pueblo consumidor».(13)
¿Qué quiere decir esto?
Cuando en el sistema presupuestario, por ejemplo, una empresa de refinado de petróleo entrega a otra empresa socialista una determinada cantidad de combustible que requiere para su proceso productivo, no se da en ningún momento un acto de compra-venta. La empresa de refinado no le vende el combustible a la otra empresa, sino que, simplemente, se lo da. Esta entrega únicamente se registra para que conste a efectos contables, de control y para la fijación de precios de los productos acabados que afluyen al mercado (interior o exterior). Es a esto a lo que se refería el Che cuando hablaba de dinero aritmético. En ningún caso se produce un movimiento monetario o financiero. No tendría sentido, puesto que ambas empresas vienen a ser una misma empresa, por cuanto pertenecen al Estado socialista y, por lo tanto, el combustible no pasa de un propietario a otro, sino que en todo momento está en manos del mismo propietario.
Pero, claro, para comenzar a excluir las relaciones mercantiles, relaciones que son una rémora, una herencia del capitalismo (y que, en el comunismo, habrán de desaparecer totalmente), es necesario contar con una economía socialista tanto en su contenido como en su forma, y no con una que sólo lo es en el nombre, como ocurre con el cálculo económico revisionista. En este sistema, sí existen relaciones monetario-mercantiles, no sólo en el momento en que se vende un producto acabado a un consumidor, sino a lo largo de todo el proceso económico, incluidos, por tanto, los intercambios entre empresas socialistas. En el cálculo económico revisionista, la empresa de refinado de la que hablábamos más arriba no se limitaría a entregar el combustible a la otra empresa, sino que se lo vendería, mediando una operación monetaria o financiera, al igual que ocurre con las empresas capitalistas, como si ambas empresas no tuvieran nada que ver la una con la otra, como su fueran entidades privadas y no propiedad del Estado socialista. ¿Cómo llamamos a esto? ¿Podemos hablar o no de relaciones capitalistas?
No es una cuestión baladí ésta que estamos tratando de la existencia o inexistencia de relaciones mercantiles. Tiene una importancia fundamental. Si no se hace todo por eliminar las relaciones mercantiles, si, por el contrario, se las está perpetuando, no se estará avanzando en la construcción socialista; el germen de la vieja sociedad continuará estando presente y existirá la amenaza de la restauración del régimen de explotación. Sin embargo, si se va limitando la economía mercantil, si se va restringiendo, con miras a eliminarla totalmente en el menor tiempo posible, se estará cumpliendo con una condición básica de la construcción socialista.
El cálculo económico revisionista y el sistema presupuestario también adoptan posiciones opuestas en relación al papel que la ley del valor (que es otra categoría mercantil) juega en la economía socialista. Por ley del valor entendemos el proceso por el cual un producto, en un contexto de economía mercantil, llega a adquirir un determinado valor de cambio o valor (en términos marxistas, valor de cambio y valor son conceptos equivalentes), del que, a su vez, se deriva el precio del producto. Aunque valor y precio, pese a que son conceptos íntimamente relacionados, no pueden considerarse como idénticos; el valor debe realizarse como precio, pero esa realización puede ser total, parcial o incluso situarse por encima del valor (sobreprecio). El valor, como decía Marx en “El Capital”, se constituye en «centro de gravedad» en torno al cual gira el precio. Pero precio y valor no tienen por qué coincidir y, de hecho, no suelen coincidir.
El valor de una mercancía viene determinado por la cantidad de tiempo de trabajo socialmente necesario que exige su producción en las condiciones técnicas, de organización del trabajo, de explotación de la mano de obra, etc. vigentes en un determinado momento. A su vez, estas condiciones, en un contexto capitalista, son impuestas por dos factores, fundamentalmente: por la correlación de fuerzas en la lucha de clases entre la clase obrera y la burguesía (capacidad o incapacidad por parte de la clase obrera de imponer sus reivindicaciones en cuanto a salarios, duración e intensidad de la jornada laboral, etc.); y por la lucha que se establece entre los propios capitalistas (que se manifiesta en la mejora permanente de unos y otros de su técnica, su organización y su tecnología de producción, aumentando los ritmos de trabajo, desarrollando, en definitiva, su fuerza productiva en todos los órdenes) por conquistar mayores cuotas de mercado (competencia capitalista). Ambos factores conducen a la constitución de un valor social medio de cada mercancía concreta, que no es sino el valor o tiempo de trabajo que debe contener como media cada tipo de mercancía para ser competitiva en el mercado, para encontrar salida en él.
Esto es, en líneas muy generales, lo que se conoce como ley del valor.
Para los defensores del cálculo económico revisionista, la ley del valor continúa teniendo plena vigencia en el socialismo y manifiestan que, además, se puede hacer de ella un uso consciente, es decir, aprovecharla conscientemente en beneficio de la construcción socialista.
En el sistema presupuestario, por el contrario, se considera que esta vigencia es parcial y se descarta la posibilidad de su uso consciente. Dejemos hablar de nuevo al Che: «La base por la cual se rige el mercado capitalista es la ley del valor y ésta se expresa directamente en el mercado. No se puede pensar en el análisis de la ley del valor extraída de su medio que es aquél; de otra forma, puede decirse que la expresión propia de la ley del valor es el mercado capitalista. Durante la construcción socialista, muchas de las relaciones de producción van cambiando a medida que cambia el dueño de los medios de producción y el mercado deja de tener las características de libre concurrencia (...) y adquiere otras nuevas, ya limitado por la influencia del sector socialista que actúa en forma consciente sobre el fondo mercantil».(14)
E insiste en otro artículo: «(...) la ley del valor es reguladora de las relaciones mercantiles en el ámbito del capitalismo y, por tanto, en la medida en que los mercados son distorsionados por cualquier causa [como la socialización de los medios de producción] asimismo sufrirá ciertas distorsiones la acción de la ley del valor».(15)
Y en otro artículo más: «(...) consideramos la ley del valor como parcialmente existente, debido a los restos de la sociedad mercantil subsistentes, que se refleja también en un tipo de cambio que se efectúa entre el Estado suministrador y el consumidor; creemos que, particularmente en una sociedad de comercio exterior muy desarrollado [como lo era la cubana en los años 60] (...), la ley del valor en escala internacional debe reconocerse como un hecho que rige las transacciones comerciales, aun dentro del campo socialista (...)».(16)
Más adelante, en este mismo artículo: «Negamos la posibilidad del uso consciente de la ley del valor basados en la no existencia de un mercado libre que exprese automáticamente la contradicción entre productores y consumidores [y entre unos y otros productores]; negamos la existencia de la categoría mercancía en la relación entre empresas estatales, y consideramos todos los establecimientos como parte de la única empresa que es el Estado (...)».(17)
¿Qué viene a decir el Che?
Que la ley del valor no puede tener una existencia plena fuera del medio que le es propio: la economía mercantil por excelencia, que no es otra que el capitalismo (donde la ley del valor alcanza su máxima expresión y donde también empieza su declive, como explicaremos más adelante). Que, en el socialismo, puede tener una existencia sólo parcial, dado que se mantienen algunos restos de relaciones mercantiles en el comercio exterior y en el ámbito de la distribución de los productos de consumo por parte del Estado hacia la sociedad, pero que, aun así, la ley del valor se encuentra muy distorsionada, muy limitada en su acción. Por último, que no se puede hacer un uso consciente de la misma, tal como postula el cálculo económico revisionista, porque esta ley funciona en base a mecanismos espontáneos (competencia capitalista, niveles de oferta y demanda de ésta o la otra mercancía...) que no se dan o se dan en muy escasa medida en el socialismo. Que, por tanto, dado ese carácter espontáneo, que se expresa en unas condiciones determinadas y concretas (unas condiciones capitalistas), dicho uso consciente de la ley del valor queda excluido; el mismo intento de utilizarla y dirigirla es ya un elemento de distorsión de la misma; o dicho de otro modo: la ley del valor es un fenómeno espontáneo que sólo puede existir como tal fenómeno espontáneo.
Y, siendo así, ¿cómo puede una economía socialista determinar, sin contar con la ley del valor, el valor y el precio de sus productos (es evidente que a este respecto no puede proceder de manera arbitraria, porque se generarían unos desequilibrios que podrían ponerla en muy serios apuros)?
Al contenido social de la política de precios ya hemos hecho mención al principio de este artículo. Pero profundicemos algo más en esta cuestión de los precios y el valor. ¿Qué solución propone el Che a la misma? Bajo el punto de vista del Che, en un sistema económico como lo es el socialista, en que las relaciones mercantiles se encuentran reducidas a su mínima expresión, y en el que, además, se pretende hacerlas desaparecer por completo, no existen o apenas actúan los mecanismos espontáneos que permitirían establecer el valor y los precios de los productos de manera, digamos, automática. Ante esta realidad, ese valor y esos precios hay que establecerlos de modo “artificial”. ¿Pero qué criterio hay que seguir a la hora de hacerlo?
Para el Che, hay que proceder «estableciendo un sistema general que contemplará una cierta medida histórica de los precios del mercado mundial capitalista, con las correcciones que puedan introducirse por la acción de los precios en el mercado socialista (...). Los precios así fijados funcionarían, durante ciertos períodos, sin alteraciones».(18)
«Si se toman los precios de los artículos fundamentales de la economía y, basados en ellos, por cálculos aproximativos, se establecieran los demás, se llegaría a un nivel histórico ponderado de los precios del mercado mundial que permitiría medir automáticamente la eficiencia relativa de todas las ramas de la economía [de la economía cubana] en el mercado mundial».(19)
Las posiciones económicas del Che son esencialmente justas. Pero yerra en un punto fundamental: en su negativa a aceptar la posibilidad de un uso consciente de la ley del valor. Aunque, paradójicamente, niega tal posibilidad de un modo en que termina afirmándola.
A la pregunta que formulábamos más arriba de cómo puede una economía socialista determinar el precio y el valor de las mercancías sin contar con la ley del valor, sólo le cabe una respuesta: sencillamente no puede. En tanto sea necesario determinar el precio y el valor de las mercancías, es decir, en tanto se mantenga la producción mercantil, el intercambio mercantil, y la economía socialista no se transforme en una economía plenamente comunista, no se puede prescindir de ningún modo de la ley del valor, de su uso consciente. El propio Che dice que se deben establecer los precios de las mercancías tomando como referente el mercado mundial capitalista. ¿Y qué es esto sino hacer un uso consciente de la ley del valor?
En la negativa teórica del Che (que no práctica, como acabamos de ver) a hacer un uso consciente de la ley del valor, encontramos un cierto componente de izquierdismo o voluntarismo, que también se manifiesta, para qué negarlo, en otros aspectos de su concepción económica (en su combate contra las posiciones derechistas, en algunos momentos, se da un excesivo escoramiento hacia posiciones izquierdistas). En su crítica al concepto de uso consciente de la ley del valor que defiende el revisionismo (crítica completamente necesaria), termina por negar (teóricamente, volvemos a insistir) toda forma de uso consciente de esa ley. Y es aquí donde está el error.
Existe un modo revolucionario, marxista-leninista, de hacer un uso consciente de la ley del valor. Este uso consciente no consiste en reproducir o recrear las condiciones en que la ley del valor puede expresarse plenamente, en crear el entorno mercantil-capitalista que permita esa expresión, tal como hace el revisionismo (introduciendo con ello una cuña en el socialismo que, a la larga, facilitará la restauración capitalista), sino, simplemente, en tener en cuenta el hecho objetivo de que en el socialismo aún se conservan algunas relaciones mercantiles heredadas del capitalismo y que, por tanto, la ley del valor, aunque de manera limitada (limitada por la socialización de la mayoría de los medios de producción y por la planificación económica), continúa actuando. El socialismo, ante esta realidad, lo que debe hacer es dominar la ley del valor (hacer un uso consciente de ella), pero con el objetivo de ir restringiendo paulatinamente su acción, de ir restringiendo la propia producción mercantil que es su fundamento, hasta la total desaparición de ambas.
¿Tiene esto algo que ver con el revisionismo? ¿Es una concesión a la producción mercantil? ¿Va en detrimento del proceso de socialización total de la economía, es decir, del proceso de construcción del comunismo? De ningún modo. Los comunistas militamos en el materialismo, y esto implica reconocer que, en economía, como en física, en geología o en cualquier otro ámbito, existen leyes objetivas que rigen su movimiento y evolución. Por lo tanto, si queremos intervenir sobre el desarrollo económico, necesariamente debemos ceñirnos a la acción de esas leyes mientras tienen vigencia (como la tiene la ley del valor en tanto la producción mercantil no ha sido superada). Pretender ignorar las leyes objetivas del desarrollo económico y esperar resultados positivos en la construcción socialista es como volar con las alas de Ícaro.
¿Es ésta una posición pasiva, de dejarse llevar por la “inercia” de las leyes objetivas? ¿Dónde queda el sujeto revolucionario en todo esto? ¿Por qué hablamos de construcción del socialismo, si, en realidad, nos sometemos sumisamente a las leyes objetivas? No hay en esta posición la menor pasividad. El papel del sujeto revolucionario (es decir, del Partido Comunista y del conjunto de la clase obrera organizada y política e ideológicamente consciente) no queda en absoluto devaluado. Por el contrario, queda situado en su justo lugar, queda limitado el margen o el ámbito de actuación que le corresponde. Y, sí, podemos y debemos hablar de construcción socialista, porque eso es precisamente lo que se hace: construir una nueva sociedad.
Pero no se puede construir de cualquier manera. No puede levantarse una casa sobre una nube, sino sobre un suelo firme. Y, en economía, ese suelo firme nos lo proporcionan las leyes objetivas. Construimos una nueva sociedad, pero bajo unas determinadas condiciones impuestas por la realidad objetiva.
No obstante, hay que procurar evitar caer en un “objetivismo” unilateral. Tras este “objetivismo”, generalmente, se oculta una u otra forma de revisionismo. Ciertas corrientes revisionistas, plantean una especie de culto a las leyes objetivas (particularmente a la ley del valor y a la producción mercantil que le da sustento). Y lo hacen, no para construir ninguna nueva sociedad, sino para que nada avance, para que el socialismo se estanque, para que nos sentemos a esperar a que las leyes objetivas, por sí mismas, sin ayuda de nadie, nos traigan en bandeja de plata el comunismo (algo que evidentemente nunca ocurrirá) y para que, finalmente, una vez abortado el proceso revolucionario, podamos volver al “feliz” orden de cosas capitalista.
Este es el peligro que el Che quería evitar a la Revolución Cubana (con poco éxito, por desgracia, pues ya vemos en qué se ha transformado ésta; su deriva revisionista, que ya viene de lejos, se ha visto acelerada de la mano de don Raúl Castro). Pero, en su combate contra este “objetivismo”, terminó cayendo en un cierto subjetivismo.
Aun así, la concepción económica del Che debe ser un referente importante de la teoría económica marxista-leninista. Sobre todo por el contexto en que la defendió, con el revisionismo “soviético” en su pleno apogeo en todo el mundo socialista, lo que le otorga un mayor valor.
III
Pero aún no hemos terminado con esta cuestión de la ley del valor. Es necesario hacer algunas aclaraciones más al respecto.
Hablábamos más arriba de que cierta corriente revisionista hace una especie de culto a las leyes objetivas del desarrollo económico y particularmente a la ley del valor y la producción mercantil, que es el medio en el que se manifiesta. Y, para contrarrestar esta posición (unilateral, metafísica y, por lo tanto, ajena al marxismo), resulta conveniente plantear la siguiente pregunta: ¿En qué condiciones llega al socialismo la ley del valor?
Al contrario de lo que defiende este revisionismo, que sobredimensiona la ley del valor, hay que decir que ésta llega al socialismo en unas condiciones muy precarias, y lo son aún más en el caso de que el país en el que se comience la construcción socialista sea un país capitalista avanzado, un país que ya ha entrado en la fase del capitalismo monopolista. ¿Por qué?
La ley del valor, que es común a toda forma de producción mercantil (sea la economía esclavista, feudal o capitalista), sólo se desarrolla plenamente, como ya apuntara Marx en “El Capital”, en un contexto capitalista, y precisamente en un contexto de capitalismo de libre mercado, es decir, un capitalismo que aún no ha entrado en la fase monopolista. Y, si se desarrolla plenamente bajo las condiciones de ese capitalismo de libre mercado, si alcanza su cenit entonces, de ello podemos (y debemos) inferir que, con la superación de este capitalismo de libre mercado, con su entrada en la fase monopolista, habrá de comenzar necesariamente el declive de la ley del valor. Decía Marx, en “El Capital”, que la «libre competencia hace que prevalezcan las leyes inmanentes de la producción capitalista [y la ley del valor es una de esas leyes] como ley coercitiva externa ante el capitalista individual».(20) Es decir, que es la libre competencia la que obliga a los diferentes capitalistas a atenerse a la ley del valor. Pero ocurre que el capitalismo, en su desarrollo, termina conduciendo a que la competencia sea sustituida por el monopolio (como lo expresara Lenin en “El imperialismo, fase superior del capitalismo”), a que el capitalismo de libre mercado (o de libre competencia) se transforme en capitalismo monopolista (donde, para no incurrir en equívocos, continúa existiendo la competencia, pero muy quebrantada, muy debilitada por la acción de los monopolios). De aquí resulta bastante fácil deducir que, si la libre competencia, que «hace que prevalezcan las leyes inmanentes de la producción capitalista como ley coercitiva externa ante el capitalista individual», se encuentra debilitada, también habrá de verse debilitada la propia ley del valor; es decir, algunos capitalistas, y precisamente los más poderosos, los monopolistas, los que son económicamente decisivos, estarán en condiciones de vulnerar la ley del valor, de no someterse a su acción o de hacerlo en muy escasa medida. (Y sería muy interesante analizar el papel que este debilitamiento de la ley del valor ha jugado en el desarrollo de la actual fase de la crisis general capitalista, cosa que no vamos a hacer aquí, porque nos llevaría a desviarnos del tema de este artículo.) De modo que no es en el socialismo cuando la ley del valor empieza a morir. El proceso que lleva a su superación comienza ya en el capitalismo monopolista. Los países que inicien la construcción socialista a partir de las condiciones económicas que ofrece el capitalismo monopolista no tendrán que lidiar demasiado tiempo con la ley del valor. Ésta estará, literalmente, en fase terminal. Tanto Engels (en el “Anti-Dühring”) como Stalin (en “Los problemas económicos del socialismo en la URSS”) reconocían la posibilidad de que en los países capitalistas muy desarrollados, es decir, de capitalismo monopolista e imperialista (como lo son hoy todos los países de Europa Occidental, EE.UU., Japón y otros), una vez iniciada la construcción socialista, la producción mercantil podría ser suprimida de forma casi inmediata (las condiciones para ello las habrían creado los propios monopolios), y, por lo tanto, la ley del valor sería asimismo superada tras esa supresión de la producción mercantil, pues aquélla no puede existir más que sobre la base que ésta le ofrece.
Así, pues, el desprecio que el Che muestra hacia la ley del valor en el socialismo, siendo indudablemente un error teórico y práctico, un error en el que no se puede incurrir en ningún caso (y mucho menos en la Cuba de los años 60, por cuanto la base económica sobre la que se inicia allí la construcción socialista es la de un capitalismo subdesarrollado, muy lejos de haber alcanzado su fase monopolista), podemos considerarlo como un pequeño pecado venial (que apenas desvirtúa el carácter consecuentemente comunista de su pensamiento económico en general), puesto que, ciertamente, la ley del valor en el socialismo carece ya del vigor del que disfrutó en el pasado y, agotada desde el punto de vista histórico-económico, su fin, su superación se encuentra ya muy próxima. Aun así, insisto, no puede ser ignorada, es necesario tenerla en cuenta (y hacer un uso consciente de ella) mientras tenga vigencia, por más precaria que sea esa vigencia.
IV
Pasemos ahora a analizar la forma en que el sistema presupuestario y el cálculo económico revisionista entienden que hay que estimular a los trabajadores en la producción y en la labor económica general.
Cuando decíamos que entre uno y otro sistema las diferencias son todas, no estábamos exagerando en absoluto. Ante todas las cuestiones fundamentales, adoptan posiciones totalmente opuestas. En la cuestión de los estímulos, que también resulta fundamental para la construcción socialista, vuelve a manifestarse esta oposición frontal.
Esta oposición se establece en términos de estímulo moral versus estímulo material, o lo que es lo mismo: impulsar a los trabajadores a producir más y mejor, en beneficio del conjunto de la sociedad, promoviendo un mayor grado de compromiso socialista, de desarrollo de la conciencia socialista; o hacerlo en base al vil metal, dando premios económicos y mercenarizando así a los trabajadores, fomentando el egoísmo, el individualismo y demás valores tan propios de la sociedad que se pretende dejar atrás.
Para el sistema presupuestario, el «estímulo moral, la creación de una nueva conciencia socialista, es el punto en el que debemos apoyarnos y hacia donde debemos ir, y hacer énfasis en él».(21) «El estímulo material es el rezago del pasado, es aquello con lo que hay que contar, pero a lo que hay que ir quitándole preponderancia en la conciencia de la gente a medida que avance el proceso.»(22) En el cálculo económico revisionista, «el interés material es la gran palanca que mueve individual y colectivamente a los trabajadores».(23) «(...) no negamos [los defensores del sistema presupuestario] la necesidad objetiva del estímulo material, sí somos renuentes a su uso como palanca impulsora fundamental. Consideramos que, en economía, este tipo de palanca adquiere rápidamente categoría per se y luego impone su propia fuerza en las relaciones entre los hombres. No hay que olvidar que viene del capitalismo y está destinado a morir en el socialismo.»(24)
«(...) para los partidarios de la autogestión financiera, el estímulo material directo, proyectado hacia el futuro y acompañando a la sociedad en las diversas etapas de la construcción del comunismo, no se contrapone al “desarrollo” de la conciencia; para nosotros, sí. Es por eso que luchamos contra su predominio, pues significaría el retraso del desarrollo de la moral socialista.»(25)
«Sí, el estímulo material se opone al desarrollo de la conciencia, pero es una gran palanca para obtener logros en la producción, ¿debe entenderse que la atención preferente al desarrollo de la conciencia retarda la producción? En términos comparativos, en una época dada, es posible(...); nosotros afirmamos que en tiempo relativamente corto el desarrollo de la conciencia hace más por el desarrollo de la producción que el estímulo material (...).»(26)
Como vemos, el sistema presupuestario se posiciona a favor del estímulo moral (el trabajador no debe «esperar de la sociedad otra cosa que el reconocimiento de sus méritos (...) de constructor de [la] nueva sociedad»(27)) como principal palanca para el desarrollo de la producción y como medio, además, para la transformación del hombre, porque entiende que la construcción socialista «no es sólo trabajo (...), no es sólo conciencia (...); es trabajo y conciencia, (...) desarrollo de los bienes materiales y desarrollo de la conciencia»(28); no concibe «el comunismo como la suma mecánica de bienes de consumo en una sociedad dada, sino [como] el resultado de un acto consciente; de allí la importancia de la educación y, por ende, del trabajo sobre la conciencia de los individuos en el marco de una sociedad en pleno desarrollo material».(29) El cálculo económico revisionista, por el contrario, fiel a su inveterada concepción capitalista, no concibe otro estímulo que el material (el Che, como hemos visto, no niega la necesidad de utilizar este tipo de estímulo, pero considera que este estímulo material debe ser preferentemente de tipo colectivo y no individual). Y en cuanto a la transformación de la conciencia de los trabajadores, los defensores del cálculo económico revisionista consideran que será algo que se producirá de manera espontánea, que los trabajadores se levantarán una mañana y se habrán convertido en comunistas. Pero eso no ocurrirá nunca si no se hace una prolongada labor ideológica, si no se crean las condiciones, también (y principalmente) en el terreno económico, para que esa transformación se dé; y mucho menos si lo que se potencia es el más vulgar interés material y se perpetúan las innumerables taras que el capitalismo ha dejado en la conciencia de los hombres.
Por otra parte, no conviene confundir el cálculo económico revisionista con el cálculo económico que se aplicó en la URSS en la época de Stalin. Hay semejanzas entre ambos. Pero, al mismo tiempo, son cualitativamente diferentes, y lo son por los presupuestos políticos e ideológicos que han alimentado a uno y otro y por el contexto en que han sido aplicados. El de Stalin fue un cálculo económico en el que, por ejemplo, había un Partido Comunista que realmente lo era, una clase obrera movilizada y con una alta conciencia socialista (fruto de la amplia labor que en este sentido realizaba constantemente el Partido Comunista), lo que permitió alcanzar logros tales como el de industrializar un país atrasadísimo y semifeudal, como lo era la Rusia zarista, en apenas dos décadas o la creación de la potente industria militar que durante la segunda guerra mundial abasteció al Ejército Rojo de todo tipo de armamento, carros de combate, aviones... y que contribuyó de manera fundamental a la victoria de la Unión Soviética sobre la Alemania hitleriana. Además, Stalin entendía el cálculo económico como una etapa necesaria en la construcción socialista (y en la construcción socialista de un país tan atrasado como lo era Rusia en 1917) y no como un fin en sí mismo, tal como lo entendían los revisionistas. Por otro lado, ya en los años 40 y 50, planteó Stalin que, puesto que se daban las condiciones, había que pasar del intercambio mercantil al intercambio directo de productos, es decir, de una economía en la que aún rige la compra-venta de mercancías a otra en que la sociedad simplemente intercambia productos, sin que medien actos de compra-venta, o lo que es lo mismo: había que pasar de una economía socialista en la que aún rige un cierto grado de producción e intercambio mercantil a una economía plenamente socializada y, por lo tanto, plenamente comunista.
Sin embargo, tras la muerte de Stalin, el revisionismo, de la mano de Jruschov y de quienes le sucedieron, se hizo con las riendas del poder soviético y, lejos de realizar los cambios que venía demandando el proceso de construcción socialista, fueron en la dirección contraria: fomentaron al máximo las relaciones monetario-mercantiles y se sacaron de la manga la contrarrevolucionaria teoría, ya apuntada más arriba, de que la construcción socialista consistía únicamente en el desarrollo de las fuerzas productivas, y que la labor política e ideológica que el PC debía desarrollar entre los trabajadores tenía, no un carácter secundario, sino que directamente era superflua e innecesaria. Y es sobre estas bases sobre las que se constituye el cálculo económico revisionista, el cual va socavando las bases económicas del socialismo y termina por propiciar, en combinación con otras posiciones que el revisionismo adoptó en el terreno político, la restauración del capitalismo, no sólo en la URSS, sino en prácticamente todos los países en los que se aplicó. Cuba se salvó a medias de la debacle. Pero hoy vemos cómo también se desliza inexorablemente hacia la vía capitalista. Y como muestra, un botón: un medio de producción básico y fundamental como lo es la tierra ya ha sido mercantilizado, y, al hacerlo, se ha vulnerado de forma flagrante un principio esencial de la construcción económica socialista: los medios de producción (la tierra, la maquinaria, el componente fijo de la producción en general) no pueden ser nunca mercancías. En Cuba, lo son.
El Che, ya en los años 60, intuyó este peligro y, para conjurarlo, diseñó, junto con sus colaboradores, el sistema presupuestario de financiamiento, el cual conllevaba, en las condiciones tecnológicas e infraestructurales de la época (y en las condiciones de un país tan atrasado como lo era entonces Cuba), numerosas dificultades en su aplicación. Requería de un control exhaustivo de todo el proceso de producción y distribución, de una labor estadística y de control constante, de una contabilidad muy compleja y de unas redes de comunicación y transporte muy desarrolladas. El hecho de renunciar a los mecanismos de mercado que sí defendía el cálculo económico revisionista y que facilitaba algunos aspectos de la gestión económica (si bien al precio de introducir relaciones capitalistas en el socialismo) implicaba dirigir el conjunto de la actividad económica de forma planificada y consciente. Estas dificultades quizá influyeron a la hora de que el gobierno revolucionario cubano no aplicara el sistema del Che de manera general y que, finalmente, fuera el cálculo económico el que se acabara imponiendo. Aunque, de ser así, no puede considerarse como un motivo justificado. No podían existir carencias tecnológicas o de cualquier otro tipo que no hubieran podido ser superadas con el tiempo, contando con la iniciativa y el esfuerzo colectivo de los trabajadores. En cualquier caso, el motivo principal de esa no aplicación del sistema presupuestario lo tenemos en la influencia que los revisionistas soviéticos ejercían sobre el gobierno cubano y particularmente sobre algunos de sus principales cuadros, como era el caso de Raúl Castro, quien, casualmente, es quien está liderando hoy el proceso de restauración capitalista en el que parece haber entrado Cuba. Si bien no conviene personalizar en el análisis de estos fenómenos. La deriva a que se está viendo abocada la Revolución Cubana es responsabilidad del conjunto de su dirigencia (de la actual y de la del pasado) y no de este o del otro individuo.
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El sistema presupuestario es una valiosa aportación al pensamiento comunista, a la teoría económica de la construcción socialista. Es una aportación en la que, sin duda, hay que profundizar y sacar conclusiones. Los procesos de construcción socialista que habrán de iniciarse en el futuro no pueden volver a caer en errores del pasado y repetir experiencias que ya han demostrado que, lejos de conducir a la sociedad comunista, no llevan sino a la restauración del capitalismo. Una revolución conlleva demasiados esfuerzos, demasiados sacrificios como para arrojar por la borda todo lo conseguido por no saber dirigir el proceso de construcción de la nueva sociedad. Es necesario dilucidar qué ha habido de positivo y de negativo en la teoría y en la práctica del movimiento comunista. Este artículo pretende contribuir a ello. Y lo hace exponiendo o intentando exponer el pensamiento económico del Che, que hay que contarlo, sin la menor sombra de duda, entre lo positivo de esa teoría y esa práctica, lo que no implica negar que el gran revolucionario argentino no incurriera también en algunos errores. Pero ya decía Lenin que hombres que no cometan errores ni existen ni han existido jamás. Lo importante es que lo acertado predomine sobre lo erróneo. Y esto efectivamente ocurre con el pensamiento económico del Che.
P. S.: Una primera versión de este artículo fue escrita en junio de 2008, cuando me encontraba preso, y concretamente en la prisión de A Lama (Pontevedra). Aquella primera versión del artículo tenía importantes carencias, tanto en forma como en contenido. En torno a él, vía epistolar, se generó un intenso debate entre varios miembros del colectivo de presos políticos del PCE(r) y los GRAPO. Fue este debate el que me hizo tomar conciencia de todas estas deficiencias a que saludo, y, a partir de ahí, me propuse volver a redactarlo. Y eso he hecho. Espero que esta nueva versión tenga siquiera unas pocas menos carencias que las que tenía la anterior.
Debo agradecer a los compañeros y compañeras que, como Nacho (preso actualmente en la prisión de Mansilla de las Mulas, en León), Ciete y Carmela (en la prisión de Córdoba), Manu (en libertad desde principios de 2009) y, especialmente, nuestro entrañable José Ortín (que falleció en marzo de 2009, en la prisión de Fontcalent, después de toda una vida de militancia comunista y de décadas de cárcel a sus espaldas), me han ayudado con sus críticas a avanzar en la comprensión de las cuestiones que aquí trato. Si he conseguido que esta segunda versión sea mejor que la primera, se lo debo, sin duda, a ellos. Si no lo he conseguido, la responsabilidad es toda mía.
Madrid, diciembre de 2010.
Notas:
1-Che Guevara. “Discurso en la primera reunión nacional de producción”. (1961)
2-Ídem. “Discurso en la inauguración de la fábrica de alambre de púas en Nuevitas”. (1964)
3-Id. “Consideraciones sobre los costos”. (1963)
4-Id. “Sobre el sistema presupuestario de financiamiento”. (1964)
5-Id. “Consideraciones sobre los costos”. (1963)
6-Id. “Sobre el sistema presupuestario...”
7-Id. “El socialismo y el hombre en Cuba”. (1965)
8-Id. “Sobre el sistema presupuestario...”
9-Id. “ “ “
10-Id. “ “ “
11-Id. “Consideraciones sobre los costos”.
12-Id. “ “ “
13- Id. “Sobre la concepción del valor”.
14- Id. “Consideraciones sobre los costos”.
15- Id. “Sobre la concepción del valor”.
16- Id. “Sobre el sistema presupuestario...”.
17- Id. “ “ “
18-Id. “Consideraciones sobre los costos”.
19- Id. “Discurso en la Asamblea General de Trabajadores de la Textilera Ariguanabo”. (1963)
20- Carlos Marx. “El Capital”. Libro Primero. Tomo I. “La lucha por la jornada normal de trabajo. Leyes coercitivas para la prolongación de la jornada de trabajo desde mediados del siglo XIV hasta finales del XVII”.
21- Che Guevara. “Discurso en la Asamblea General de Trabajadores de la Textilera Ariguanabo”
22- Id. “Sobre el sistema presupuestario...”
23- Id. “ “ “
24- Id. “ “ “
25- Id. “ “ “
26- Id. “Discurso de entrega de certificados de trabajo comunista”. (1964)
27- Id. “La banca, el crédito y el socialismo”. (1964)
28- Id. “ “ “
Vaya por delante que este artículo no pretende tener un carácter hagiográfico. No pretende llevar la reivindicación del Che más allá de lo razonable. El Che, ciertamente, no escribió “El Capital” ni el “¿Qué hacer?” ni “Del socialismo utópico al socialismo científico”. Tampoco lo pretendió. El Che no abordó la labor teórica de una manera sistemática, sino como una parte más de su actividad revolucionaria. Sin embargo, hizo aportaciones concretas en ámbitos concretos que no carecen de importancia. Y su gran mérito fue, principalmente, haber retomado cuestiones que fueron relegadas por el movimiento comunista internacional debido a la perniciosa influencia ideológica ejercida por el revisionismo de los Jruschov, Breznev y compañía y su no menos pernicioso modelo de “construcción” socialista, que terminó siendo un modelo de deconstrucción socialista, como desgraciadamente se puso de manifiesto con la debacle del “campo socialista” acaecida a finales de los 80 y principios de los 90 del siglo pasado.
¿Cuáles fueron esas cuestiones que retomó el Che?
Analizó los conceptos de mercancía y de la ley del valor y el encaje que los mismos debían tener en una economía socialista. También analizó qué tipo de relaciones debían establecerse entre las empresas socialistas y entre éstas y los trabajadores, su organización y los mecanismos de financiación; la forma en que había que estimular a los trabajadores en la producción, si con los estímulos morales o con los estímulos materiales, si con los estímulos colectivos o los individuales. Por otra parte, abordó la cuestión, central en el pensamiento del Che, del papel que la conciencia de los trabajadores debía jugar en el proceso de construcción socialista, de cómo la conciencia debía transformarse y ser, al mismo tiempo, un motor para la transformación de la sociedad. El Che era un firme defensor de la consigna de que el comunismo, la sociedad sin clases (libre, por tanto, de toda forma de opresión y explotación), es una etapa histórica a la que se llega conscientemente. Es un tipo de sociedad que, por decirlo así, no cae del cielo, sino que requiere de la voluntad, de la convicción y de la determinación de los trabajadores por alcanzarla. Cuando se carece de estos elementos, ya vemos en qué acaban las cosas: el socialismo se anquilosa, se esclerotiza y termina por perecer. Ésta es una de las principales conclusiones que se deben extraer de la experiencia de la Unión Soviética y otros países socialistas (como China, que, aun dándose el nombre de socialista, no es sino un país capitalista y una potencia imperialista en ciernes). Los dirigentes de la Unión Soviética post-Stalin defendían (entre otras desviaciones político-ideológicas) la teoría de que la construcción socialista consistía, básicamente, en lo que se conoce como desarrollo de las fuerzas productivas, en el aumento de la riqueza social, la mejora de las condiciones de vida y el incremento de la cantidad y variedad de los productos de consumo, sin que, al mismo tiempo, se diera un desarrollo parejo en la conciencia socialista de los trabajadores.
Olvidaban o más bien obviaban deliberadamente (estamos hablando de elementos revisionistas y, por tanto, ajenos al marxismo, enfrentados al marxismo) que el socialismo no es sólo un hecho económico, sino también un hecho político, ideológico, un hecho de conciencia y de consciencia.
Ésta era la visión del Che (y debe ser la visión de cualquier comunista consecuente), para quien la construcción de una nueva sociedad era un imposible si no se construía el “hombre nuevo”, con una ideología, una moral y unos valores diametralmente opuestos a los predominantes en las sociedades capitalistas, con toda su carga de individualismo, egoísmo e insolidaridad. Éste era el eje en torno al cual debía girar el proceso de construcción socialista, su piedra de toque.
I
Gran parte de la obra teórica del Che trata sobre cuestiones económicas. Esto es así porque, como miembro del gobierno revolucionario cubano, desempeñó funciones principalmente en el terreno de la economía: primero, como máximo responsable del Banco Nacional, y, más tarde, como Ministro de Industria.
La filosofía por la que se rige su pensamiento económico es la misma por la que se rige el conjunto de su pensamiento: el hombre es el centro de todo, transformando la sociedad y transformándose a sí mismo: «El desarrollo socialista (...) de un país (...) se hace para el hombre, no se hace para ninguna entelequia, no se está buscando nada fuera de la felicidad del hombre».(1) ¿Pero a qué se refiere el Che cuando habla del hombre? ¿Está hablando del hombre en general, abstracto, al margen de la sociedad de clases y de los conflictos que se dan en ella? ¿Acaso participa el Che de esa visión del hombre que postula cierta concepción “humanista” burguesa y reaccionaria? Desde luego que no. El hombre del que habla el Che es concreto y está inserto, como no puede ser de otra manera, en la sociedad de clases y en la lucha de clases. Tiene una realidad, una materialidad. Este hombre se encarna en los trabajadores y trabajadoras. El Che es, efectivamente, un humanista, pero en el sentido marxista. Y, como tal, no puede concebir a ese hombre genérico y abstracto. Este hombre no existe. No es más que una figura mítica. El hombre, el ser humano, está dividido en clases. Y el Che toma parte por una de estas clases: por la de los explotados. Cuando habla de la felicidad del hombre, no se refiere a la felicidad del burgués (que no deja de disfrutarla en el capitalismo, a costa de la infelicidad de la inmensa mayoría), sino a la de los trabajadores y trabajadoras, que con el socialismo pueden por fin aspirar a construir una realidad en la que no sean considerados como meros medios de producción, como simples creadores de riqueza para el parásito capitalista de turno, en la que pasen de ser sujetos pasivos del devenir político, económico y social a ser sujetos activos de ese devenir, en la que puedan desarrollarse como hombres y mujeres libres, plenos, accediendo, no sólo a un bienestar material, sino también a la cultura y el conocimiento, dejando atrás el embrutecimiento y la ignorancia a que les condena la sociedad burguesa.
El hombre, decimos, es el centro del pensamiento económico del Che. Hasta tal punto es así que, al contrario de lo que defendían los revisionistas soviéticos y los dirigentes cubanos que seguían las tesis de éstos, para los que la rentabilidad y la productividad era lo más importante en la actividad económica, en la concepción del Che, esa rentabilidad y esa productividad, aun siendo fundamentales (sin un aparato económico eficiente no hay socialismo que valga), son elementos subordinados respecto a las condiciones de vida de los trabajadores y a la necesidad de transformar su conciencia, de fortalecer su compromiso con la construcción socialista. Es decir: se necesitan el máximo de rentabilidad y productividad posibles, pero no a cualquier precio ni de cualquier manera. Un ejemplo de ello lo tenemos en el proceso de mecanización y tecnificación de la industria y la agricultura cubanas que se comenzó a principios de los años 60. Este proceso resultaba vital para la economía cubana, por cuanto, desde el punto de vista tecnológico, estaba prácticamente en la prehistoria. Por otro lado, sin embargo, Cuba tenía un grave problema de desempleo al que, evidentemente, se quería dar solución. De modo que la Revolución Cubana se encontraba ante una disyuntiva: si el aparato productivo se tecnificaba demasiado rápido, iba a ser imposible dar solución al problema del desempleo, puesto que uno de los efectos que tiene el aumento del componente tecnológico en la actividad productiva es precisamente el de reducir la necesidad de fuerza de trabajo humana; pero, si no se tecnificaba el aparato productivo en el menor tiempo posible, la economía cubana no sería “competitiva”, no podría salir del atraso en que se encontraba. ¿Qué hacer? El Che defendía que había que acompasar el proceso de tecnificación a la solución de un problema social como el del desempleo. Para el Che, «la mecanización de un sistema socialista que se preocupa sustancialmente del hombre, no significa nunca el desempleo».(2)
Otro ejemplo de esto que decimos lo tenemos en la política de precios que propugnaba el Che. Esta política de precios también debía tener un contenido social. Para el establecimiento de los precios de consumo que se creaban en las empresas socialistas, sobre todo de los productos de primera necesidad, había que proceder, no en base a criterios como el de los costos de producción, sino con miras a hacerlos más accesibles a la población, incluso vendiéndolos por debajo de sus costos de producción. No había que tener un criterio de rentabilidad, sino, como decimos, un criterio social. «(...) parte de nuestra concepción está referida a la no necesaria coincidencia o relación íntima entre el costo de producción y el precio.»(3) «(...) toda una serie de artículos de carácter fundamental para la vida del hombre deben ofrecerse a precios bajos, aunque en otros menos importantes se cargue la mano con manifiesto desconocimiento de la ley del valor en cada caso concreto.»(4) «(...) la rentabilidad relativa sería sólo un índice, ya que lo que realmente interesa es la rentabilidad general del aparato productivo.»(5) La política de precios, por tanto, debía fundamentarse sobre un criterio no meramente económico. Pero el Che tampoco renuncia al concepto de rentabilidad. Esta política de precios debe ser rentable, aunque no desde el punto de vista de cada producto de consumo particular, sino desde el punto de vista de los productos de consumo en su conjunto. Las “pérdidas” que se produjeran en determinados artículos al venderse a precios muy bajos o incluso por debajo de sus costos de producción se verían compensados encareciendo otros (los menos importantes para la vida). En definitiva, para el Che, tan importante era la rentabilidad económica del aparato productivo como lo que podemos llamar su “rentabilidad social”. Ambos conceptos debían ir ligados. ¿De qué sirve un aparato económico perfectamente eficiente si, al mismo tiempo, no sirve para atender las muy diversas exigencias de la construcción socialista? Rentabilidad, sí; eficiencia, también, pero para profundizar en la construcción socialista, sobre bases revolucionarias y teniendo siempre como referente a quienes son el centro del proceso revolucionario: los trabajadores y trabajadoras.
II
Ahora pasemos a cuestiones de mayor calado.
¿Qué política económica general defendía el Che? ¿Sobre qué parámetros debía establecerse? ¿De qué manera entendía que había que organizar la economía socialista? Ya hemos apuntado algunas ideas al respecto. Pero hagamos un pequeño esquema. Para el Che, una política económica consecuentemente socialista y revolucionaria debe cumplir, fundamentalmente, con tres requisitos: Primero: que contribuya a crear un aparato económico y productivo eficiente que permita cubrir todas las necesidades materiales de la sociedad y mejorar cada vez en mayor medida sus condiciones de vida. Esto tendría que ver con lo que se conoce como desarrollo de las fuerzas productivas.
Segundo: que facilite la eliminación, del modo más rápido posible, aunque respetando las fases y los tiempos por los que debe transitar necesariamente la construcción económica socialista, de las relaciones económicas y categorías heredadas del capitalismo que aún se mantengan en pie tras la toma del poder por los trabajadores, como lo son la propiedad privada en sus diferentes formas, la economía mercantil, la ley del valor, el interés material como principal palanca de la producción, etc.. «Entendemos que durante cierto tiempo se mantengan las categorías del capitalismo y que este término no puede determinarse de antemano, pero las características del período de transición son las de una sociedad que liquida sus viejas ataduras para ingresar rápidamente a la nueva etapa. La tendencia debe ser (...) a liquidar lo más rigurosamente posible las categorías antiguas.»(6)
Tercero: que cree las condiciones para que los trabajadores gradualmente vayan adquiriendo una mayor conciencia comunista, para que se impliquen en la gestión y administración de la economía, para que asuman cada vez más responsabilidades en este terreno, para que se transformen, en definitiva, en el “hombre nuevo” del que hablaba el Che.
Esta política económica debía cumplir en igual medida con los tres requisitos, entendiéndolos como un todo articulado en el que si falla una de sus partes falla el mecanismo en su conjunto. ¿Y con qué modelo económico pretendía cumplir con estos requisitos o condiciones? El Che, junto con sus colaboradores, y basándose en algunos aspectos de anteriores experiencias socialistas, como la que lideró Stalin en la URSS, diseñó un modelo económico al que se le dio el nombre de Sistema Presupuestario de Financiamiento, el cual no sólo tenía que ver con cuestiones presupuestarias o de financiación, como indica su nombre; en su desarrollo, tenía implicaciones políticas e ideológicas muy importantes. No era, por tanto, un sistema que pudiéramos calificar como técnico, sino todo un proyecto de construcción económica profundamente socialista y profundamente revolucionario. Durante mucho tiempo, en Cuba, convivieron dos modelos económicos: uno era el que defendía el Che; y otro, el que defendían los revisionistas soviéticos (más bien antisoviéticos, pues los dirigentes de la URSS post-Stalin fueron precisamente eso: elementos antisoviéticos, anticomunistas, cuyo único objetivo era defender sus propios intereses y privilegios y destruir, como así hicieron, la obra iniciada con la Revolución de Octubre) y los dirigentes cubanos que estaban bajo su influencia, al que daban el nombre de cálculo económico o autogestión financiera. El primero se aplicaba en las empresas que dependían del Ministerio de Industria, dirigido por el Che. El segundo, en las empresas que estaban bajo la dirección del INRA (Instituto Nacional de Reforma Agraria), que, como su propio nombre indica, se encargaba de la actividad agropecuaria y de la industria directamente relacionada con ella. No obstante, esta convivencia terminó a mediados de los 70. El cálculo económico revisionista se acabó aplicando al conjunto de la economía cubana. Las tesis revisionistas acabaron ganando la batalla. Y las consecuencias que de ello se derivaron fueron las que ya anticipara el Che. El Comité Central del Partido Comunista Cubano, en un pleno que tuvo lugar en 1986, se vio obligado a reconocer: «(...) la tendencia economicista que pretende promover el cumplimiento de los objetivos en la producción(...) únicamente con resortes materiales (...) no origina una conducta laboral satisfactoria y, por el contrario, entroniza la indisciplina, la desidia y el desinterés por los objetivos sociales». En el mismo documento, también se afirma: «el predominio de tal concepción, profundamente errónea durante los últimos años, provocó sensibles descuidos del trabajo político e ideológico. Introdujo prácticas que tendían a corromper y metalizar [es un término que parece que se refiere al hecho de que no se busque otra cosa que el interés económico o monetario- Nota del autor] a trabajadores y dirigentes, engendró deformaciones tecnocráticas y burocráticas que provocaban la hipertrofia de las plantillas, impedían hallar fórmulas racionales (...) para el mejor aprovechamiento de la fuerza laboral, afectaban a la calidad del trabajo y promovían una creciente infuncionalidad e ineficacia de todo el aparato productivo del país». Y el propio Fidel Castro, en el III Congreso del PCC, también en el año 86, dijo: «no debemos renunciar a la idea de la rentabilidad de la empresa, ni a la idea del cálculo económico. No estoy en contra de ninguno de esos mecanismos o categorías, siempre que entendamos bien que es el trabajo político, el trabajo revolucionario, el sentido de responsabilidad de los cuadros (...) lo que puede hacer posible la eficiencia (...)». Rectificaba, pero sólo a medias, porque no iba al fondo del problema. Señalaba (de una manera un tanto titubeante, eso sí) que la clave de la construcción económica socialista estaba en el desarrollo de la conciencia de los trabajadores, en su compromiso consciente con esa construcción. Sin embargo, al mismo tiempo, dice que no se debe renunciar al cálculo económico (el tipo de cálculo económico que se aplicaba en Cuba, proveniente de las sucias manos del revisionismo soviético). Y es aquí donde está el error. El origen de las disfunciones que se estaban dando se encontraba en el propio sistema de cálculo económico o autogestión financiera. El Che, 20 años antes de esta semiautocrítica del PCC, ya dijo: «persiguiendo la quimera de realizar el socialismo con la ayuda de las armas melladas que nos legara el capitalismo (la mercancía como célula económica, la rentabilidad, el interés material individual como palanca, etc.), se puede llegar a un callejón sin salida».(7)
Sus palabras se vieron confirmadas en su totalidad. Se había llegado efectivamente a un callejón sin salida; sólo se podía superar esta situación de una manera: renunciando al sistema de cálculo económico que proponía el revisionismo, con el cual se pretende construir el socialismo bajo premisas capitalistas y que, por tanto, a lo que conduce es a truncar, a abortar el proyecto socialista. Además, este sistema ha demostrado no ser eficiente ni siquiera desde el punto de vista puramente económico. Es un sistema inservible, aunque el revisionismo lo haya presentado siempre como el no va más de los sistemas de gestión económica. Los resultados están a la vista, hablan por sí solos: el “campo socialista” se vino abajo, en gran medida, por persistir en la utilización de este sistema. Y gran parte de los problemas por los que atraviesa la Revolución Cubana desde hace años se deben a la muy lamentable decisión que supuso adoptar el modelo económico “soviético” a mediados de los 70, en detrimento del modelo que defendía el Che; modelo este que, mientras estuvo en funcionamiento, demostró ser más eficiente y hacer más por la construcción socialista (entendiéndola como un proceso multifacético, en el que entran en juego elementos económicos, políticos, ideológicos, sociales y morales) que aquél. No estaba exento de deficiencias. El propio Che las reconocía. Pero hubieran podido haber sido superadas con el tiempo, en la medida en que el sistema, en su desarrollo, se hubiera ido perfeccionando. Sin embargo, los dirigentes cubanos, después de la muerte del Che, optaron por el nada revolucionario principio de “más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer”. Y ello les llevó a transitar por los caminos trillados que les señalaban los economistas “soviéticos”. Ésa fue, como decimos, una mala decisión que ha creado no pocos problemas a
la Revolución Cubana.
Pero estamos yendo demasiado rápido. Veamos con más detenimiento cuáles son las diferencias que se establecen entre el modelo del Che y el cálculo económico revisionista o de autogestión financiera. Se puede decir que las diferencias son todas. Y no puede ser de otra manera, puesto que nos encontramos ante un modelo socialista y ante otro que sólo lo es a medias; ante un modelo que rompe con el capitalismo y ante otro que se mantiene ligado a él por múltiples lazos. En palabras del Che:«Para nosotros, una empresa es un conglomerado de fábricas o unidades que tienen un base tecnológica parecida, un destino común para su producción o, en algún caso, una localización geográfica limitada; para el sistema de cálculo económico, una empresa es una unidad de producción con personalidad jurídica propia».(8) «Otra diferencia es la forma de utilización del dinero; en nuestro sistema sólo opera como dinero aritmético, como reflejo, en precios, de la gestión de la empresa, que los organismos centrales analizarán para efectuar el control de su funcionamiento; en el cálculo económico es no sólo esto, sino también medio de pago que actúa como instrumento indirecto de control, ya que son estos fondos los que permiten operar a la unidad y sus relaciones con el banco son similares a las de un productor privado en contacto con bancos capitalistas».(9)
«Consecuentemente con la forma de utilizar el dinero, nuestras empresas [las que funcionan bajo el modelo del Che] no tienen fondos propios; en el banco existen cuentas separadas para extraerlos y depositarlos, la empresa puede extraer fondos según el plan, de la cuenta general de gastos y de la especial para pagar salarios, pero, al efectuar un depósito, éste pasa a poder del Estado automáticamente».(10) A simple vista, no parecen muy importantes estas diferencias. Pero, al profundizar un poco en ellas, vemos que tienen implicaciones de enorme calado. En el cálculo económico revisionista, al tener las empresas personalidad jurídica propia, es decir, al ser entes autónomos y disponer de fondos económicos propios, que pueden administrar, dentro de ciertos límites, como crean más conveniente los responsables de esas empresas, se están reproduciendo esquemas capitalistas, relaciones capitalistas. Tenemos una empresa que cuenta con un capital, que lo gasta más o menos como quiere y que, además, puede obtener beneficios (en el cálculo económico, existe la posibilidad de obtener beneficios por parte de las empresas, aunque se les dé el nombre de “premios de producción” u otros, porque se considera que contribuye a potenciar la producción). Y este sistema guarda muchas semejanzas con eso que llamamos capitalismo, si bien dándole un barniz socialista con el que se oculta su verdadera naturaleza. En el sistema del Che, las empresas no tienen fondos propios. Éstos están en manos del banco estatal, que los administra en función de lo establecido por el plan económico general. Y los fondos que estas empresas pudieran recibir por cualquier motivo van también íntegramente al banco estatal. No hay posibilidad de obtener beneficios en un sentido capitalista. Tanto los responsables de las empresas como los trabajadores simplemente reciben el sueldo que está estipulado y, en determinados casos, ciertos premios cuando han destacado por algún motivo. Aunque en la cuestión de los premios y los estímulos también se sigue un criterio estrictamente socialista. Deben predominar los estímulos morales sobre los materiales y los colectivos sobre los individuales.
Con el sistema presupuestario, lo que se busca es que las empresas socialistas no se conviertan en entes autónomos unos de otros, cada uno buscando su propio provecho; que no se alimenten ni cobren fuerza las tendencias capitalistas, la competencia, el egoísmo, la estrechez de miras y el individualismo burgueses; que, por el contrario, todo el aparato económico, cada una de sus unidades productivas, cada uno de sus trabajadores, remen en una misma dirección, poniendo los intereses colectivos del conjunto de los trabajadores por delante de los intereses particulares de los trabajadores de ésta o la otra empresa o fábrica. Por eso las empresas sometidas a este sistema no tienen personalidad jurídica propia ni cuentan con fondos económicos propios: no son otra cosa que engranajes de la gran máquina socialista, que será capaz de avanzar más rápido, de acercarnos a la sociedad comunista en la medida en que todos sus componentes funcionen correctamente, de manera equilibrada y armónica.
Con el cálculo económico revisionista, esa gran máquina socialista no existe. Predominan la atomización económica, la dispersión y todas las lacras ya apuntadas y algunas más. La planificación económica (tan esencial, tan indispensable para el proyecto socialista) cede su lugar al caos económico.
Continuemos con este examen comparativo de uno y otro sistema.
Otro aspecto en el que se pone de manifiesto la esencia burguesa del cálculo económico revisionista lo tenemos en el modo en que circulan los productos (materias primas, maquinaria, productos de consumo, etc.) dentro de la economía socialista. En el sistema del Che, las relaciones de tipo mercantil quedan reducidas al mínimo. De hecho, estas relaciones no tienen lugar más que en el momento en que un producto ya acabado se vende al consumidor o en el ámbito del comercio exterior. «Nuestra concepción (...) considera el producto como un largo proceso del flujo interno durante el transcurso de todos los pasos que debe dar en el sector socialista hasta su transformación en mercancía, lo que ocurre solamente cuando hay un traspaso de propiedad. Este traspaso se realiza en el momento en que sale del sector estatal y pasa a ser propiedad de algún usuario».(11) «El paso de una empresa a otra (...) no debería ser considerado sino como una parte del proceso de producción que va agregando valores al producto (...)». (12) «Nosotros consideramos que el paso de un taller a otro o de una empresa a otra en el sistema presupuestario desarrollado, no puede ser considerado como un acto de cambio (...). Es decir, si mercancía es aquel producto que cambia de propiedad mediante un acto de cambio [de compra-venta], al estar dentro de la propiedad estatal todas las fábricas en el sistema presupuestario, (...) el producto solamente adquirirá características de mercancía cuando, llegando al mercado, pase a manos del pueblo consumidor».(13)
¿Qué quiere decir esto?
Cuando en el sistema presupuestario, por ejemplo, una empresa de refinado de petróleo entrega a otra empresa socialista una determinada cantidad de combustible que requiere para su proceso productivo, no se da en ningún momento un acto de compra-venta. La empresa de refinado no le vende el combustible a la otra empresa, sino que, simplemente, se lo da. Esta entrega únicamente se registra para que conste a efectos contables, de control y para la fijación de precios de los productos acabados que afluyen al mercado (interior o exterior). Es a esto a lo que se refería el Che cuando hablaba de dinero aritmético. En ningún caso se produce un movimiento monetario o financiero. No tendría sentido, puesto que ambas empresas vienen a ser una misma empresa, por cuanto pertenecen al Estado socialista y, por lo tanto, el combustible no pasa de un propietario a otro, sino que en todo momento está en manos del mismo propietario.
Pero, claro, para comenzar a excluir las relaciones mercantiles, relaciones que son una rémora, una herencia del capitalismo (y que, en el comunismo, habrán de desaparecer totalmente), es necesario contar con una economía socialista tanto en su contenido como en su forma, y no con una que sólo lo es en el nombre, como ocurre con el cálculo económico revisionista. En este sistema, sí existen relaciones monetario-mercantiles, no sólo en el momento en que se vende un producto acabado a un consumidor, sino a lo largo de todo el proceso económico, incluidos, por tanto, los intercambios entre empresas socialistas. En el cálculo económico revisionista, la empresa de refinado de la que hablábamos más arriba no se limitaría a entregar el combustible a la otra empresa, sino que se lo vendería, mediando una operación monetaria o financiera, al igual que ocurre con las empresas capitalistas, como si ambas empresas no tuvieran nada que ver la una con la otra, como su fueran entidades privadas y no propiedad del Estado socialista. ¿Cómo llamamos a esto? ¿Podemos hablar o no de relaciones capitalistas?
No es una cuestión baladí ésta que estamos tratando de la existencia o inexistencia de relaciones mercantiles. Tiene una importancia fundamental. Si no se hace todo por eliminar las relaciones mercantiles, si, por el contrario, se las está perpetuando, no se estará avanzando en la construcción socialista; el germen de la vieja sociedad continuará estando presente y existirá la amenaza de la restauración del régimen de explotación. Sin embargo, si se va limitando la economía mercantil, si se va restringiendo, con miras a eliminarla totalmente en el menor tiempo posible, se estará cumpliendo con una condición básica de la construcción socialista.
El cálculo económico revisionista y el sistema presupuestario también adoptan posiciones opuestas en relación al papel que la ley del valor (que es otra categoría mercantil) juega en la economía socialista. Por ley del valor entendemos el proceso por el cual un producto, en un contexto de economía mercantil, llega a adquirir un determinado valor de cambio o valor (en términos marxistas, valor de cambio y valor son conceptos equivalentes), del que, a su vez, se deriva el precio del producto. Aunque valor y precio, pese a que son conceptos íntimamente relacionados, no pueden considerarse como idénticos; el valor debe realizarse como precio, pero esa realización puede ser total, parcial o incluso situarse por encima del valor (sobreprecio). El valor, como decía Marx en “El Capital”, se constituye en «centro de gravedad» en torno al cual gira el precio. Pero precio y valor no tienen por qué coincidir y, de hecho, no suelen coincidir.
El valor de una mercancía viene determinado por la cantidad de tiempo de trabajo socialmente necesario que exige su producción en las condiciones técnicas, de organización del trabajo, de explotación de la mano de obra, etc. vigentes en un determinado momento. A su vez, estas condiciones, en un contexto capitalista, son impuestas por dos factores, fundamentalmente: por la correlación de fuerzas en la lucha de clases entre la clase obrera y la burguesía (capacidad o incapacidad por parte de la clase obrera de imponer sus reivindicaciones en cuanto a salarios, duración e intensidad de la jornada laboral, etc.); y por la lucha que se establece entre los propios capitalistas (que se manifiesta en la mejora permanente de unos y otros de su técnica, su organización y su tecnología de producción, aumentando los ritmos de trabajo, desarrollando, en definitiva, su fuerza productiva en todos los órdenes) por conquistar mayores cuotas de mercado (competencia capitalista). Ambos factores conducen a la constitución de un valor social medio de cada mercancía concreta, que no es sino el valor o tiempo de trabajo que debe contener como media cada tipo de mercancía para ser competitiva en el mercado, para encontrar salida en él.
Esto es, en líneas muy generales, lo que se conoce como ley del valor.
Para los defensores del cálculo económico revisionista, la ley del valor continúa teniendo plena vigencia en el socialismo y manifiestan que, además, se puede hacer de ella un uso consciente, es decir, aprovecharla conscientemente en beneficio de la construcción socialista.
En el sistema presupuestario, por el contrario, se considera que esta vigencia es parcial y se descarta la posibilidad de su uso consciente. Dejemos hablar de nuevo al Che: «La base por la cual se rige el mercado capitalista es la ley del valor y ésta se expresa directamente en el mercado. No se puede pensar en el análisis de la ley del valor extraída de su medio que es aquél; de otra forma, puede decirse que la expresión propia de la ley del valor es el mercado capitalista. Durante la construcción socialista, muchas de las relaciones de producción van cambiando a medida que cambia el dueño de los medios de producción y el mercado deja de tener las características de libre concurrencia (...) y adquiere otras nuevas, ya limitado por la influencia del sector socialista que actúa en forma consciente sobre el fondo mercantil».(14)
E insiste en otro artículo: «(...) la ley del valor es reguladora de las relaciones mercantiles en el ámbito del capitalismo y, por tanto, en la medida en que los mercados son distorsionados por cualquier causa [como la socialización de los medios de producción] asimismo sufrirá ciertas distorsiones la acción de la ley del valor».(15)
Y en otro artículo más: «(...) consideramos la ley del valor como parcialmente existente, debido a los restos de la sociedad mercantil subsistentes, que se refleja también en un tipo de cambio que se efectúa entre el Estado suministrador y el consumidor; creemos que, particularmente en una sociedad de comercio exterior muy desarrollado [como lo era la cubana en los años 60] (...), la ley del valor en escala internacional debe reconocerse como un hecho que rige las transacciones comerciales, aun dentro del campo socialista (...)».(16)
Más adelante, en este mismo artículo: «Negamos la posibilidad del uso consciente de la ley del valor basados en la no existencia de un mercado libre que exprese automáticamente la contradicción entre productores y consumidores [y entre unos y otros productores]; negamos la existencia de la categoría mercancía en la relación entre empresas estatales, y consideramos todos los establecimientos como parte de la única empresa que es el Estado (...)».(17)
¿Qué viene a decir el Che?
Que la ley del valor no puede tener una existencia plena fuera del medio que le es propio: la economía mercantil por excelencia, que no es otra que el capitalismo (donde la ley del valor alcanza su máxima expresión y donde también empieza su declive, como explicaremos más adelante). Que, en el socialismo, puede tener una existencia sólo parcial, dado que se mantienen algunos restos de relaciones mercantiles en el comercio exterior y en el ámbito de la distribución de los productos de consumo por parte del Estado hacia la sociedad, pero que, aun así, la ley del valor se encuentra muy distorsionada, muy limitada en su acción. Por último, que no se puede hacer un uso consciente de la misma, tal como postula el cálculo económico revisionista, porque esta ley funciona en base a mecanismos espontáneos (competencia capitalista, niveles de oferta y demanda de ésta o la otra mercancía...) que no se dan o se dan en muy escasa medida en el socialismo. Que, por tanto, dado ese carácter espontáneo, que se expresa en unas condiciones determinadas y concretas (unas condiciones capitalistas), dicho uso consciente de la ley del valor queda excluido; el mismo intento de utilizarla y dirigirla es ya un elemento de distorsión de la misma; o dicho de otro modo: la ley del valor es un fenómeno espontáneo que sólo puede existir como tal fenómeno espontáneo.
Y, siendo así, ¿cómo puede una economía socialista determinar, sin contar con la ley del valor, el valor y el precio de sus productos (es evidente que a este respecto no puede proceder de manera arbitraria, porque se generarían unos desequilibrios que podrían ponerla en muy serios apuros)?
Al contenido social de la política de precios ya hemos hecho mención al principio de este artículo. Pero profundicemos algo más en esta cuestión de los precios y el valor. ¿Qué solución propone el Che a la misma? Bajo el punto de vista del Che, en un sistema económico como lo es el socialista, en que las relaciones mercantiles se encuentran reducidas a su mínima expresión, y en el que, además, se pretende hacerlas desaparecer por completo, no existen o apenas actúan los mecanismos espontáneos que permitirían establecer el valor y los precios de los productos de manera, digamos, automática. Ante esta realidad, ese valor y esos precios hay que establecerlos de modo “artificial”. ¿Pero qué criterio hay que seguir a la hora de hacerlo?
Para el Che, hay que proceder «estableciendo un sistema general que contemplará una cierta medida histórica de los precios del mercado mundial capitalista, con las correcciones que puedan introducirse por la acción de los precios en el mercado socialista (...). Los precios así fijados funcionarían, durante ciertos períodos, sin alteraciones».(18)
«Si se toman los precios de los artículos fundamentales de la economía y, basados en ellos, por cálculos aproximativos, se establecieran los demás, se llegaría a un nivel histórico ponderado de los precios del mercado mundial que permitiría medir automáticamente la eficiencia relativa de todas las ramas de la economía [de la economía cubana] en el mercado mundial».(19)
Las posiciones económicas del Che son esencialmente justas. Pero yerra en un punto fundamental: en su negativa a aceptar la posibilidad de un uso consciente de la ley del valor. Aunque, paradójicamente, niega tal posibilidad de un modo en que termina afirmándola.
A la pregunta que formulábamos más arriba de cómo puede una economía socialista determinar el precio y el valor de las mercancías sin contar con la ley del valor, sólo le cabe una respuesta: sencillamente no puede. En tanto sea necesario determinar el precio y el valor de las mercancías, es decir, en tanto se mantenga la producción mercantil, el intercambio mercantil, y la economía socialista no se transforme en una economía plenamente comunista, no se puede prescindir de ningún modo de la ley del valor, de su uso consciente. El propio Che dice que se deben establecer los precios de las mercancías tomando como referente el mercado mundial capitalista. ¿Y qué es esto sino hacer un uso consciente de la ley del valor?
En la negativa teórica del Che (que no práctica, como acabamos de ver) a hacer un uso consciente de la ley del valor, encontramos un cierto componente de izquierdismo o voluntarismo, que también se manifiesta, para qué negarlo, en otros aspectos de su concepción económica (en su combate contra las posiciones derechistas, en algunos momentos, se da un excesivo escoramiento hacia posiciones izquierdistas). En su crítica al concepto de uso consciente de la ley del valor que defiende el revisionismo (crítica completamente necesaria), termina por negar (teóricamente, volvemos a insistir) toda forma de uso consciente de esa ley. Y es aquí donde está el error.
Existe un modo revolucionario, marxista-leninista, de hacer un uso consciente de la ley del valor. Este uso consciente no consiste en reproducir o recrear las condiciones en que la ley del valor puede expresarse plenamente, en crear el entorno mercantil-capitalista que permita esa expresión, tal como hace el revisionismo (introduciendo con ello una cuña en el socialismo que, a la larga, facilitará la restauración capitalista), sino, simplemente, en tener en cuenta el hecho objetivo de que en el socialismo aún se conservan algunas relaciones mercantiles heredadas del capitalismo y que, por tanto, la ley del valor, aunque de manera limitada (limitada por la socialización de la mayoría de los medios de producción y por la planificación económica), continúa actuando. El socialismo, ante esta realidad, lo que debe hacer es dominar la ley del valor (hacer un uso consciente de ella), pero con el objetivo de ir restringiendo paulatinamente su acción, de ir restringiendo la propia producción mercantil que es su fundamento, hasta la total desaparición de ambas.
¿Tiene esto algo que ver con el revisionismo? ¿Es una concesión a la producción mercantil? ¿Va en detrimento del proceso de socialización total de la economía, es decir, del proceso de construcción del comunismo? De ningún modo. Los comunistas militamos en el materialismo, y esto implica reconocer que, en economía, como en física, en geología o en cualquier otro ámbito, existen leyes objetivas que rigen su movimiento y evolución. Por lo tanto, si queremos intervenir sobre el desarrollo económico, necesariamente debemos ceñirnos a la acción de esas leyes mientras tienen vigencia (como la tiene la ley del valor en tanto la producción mercantil no ha sido superada). Pretender ignorar las leyes objetivas del desarrollo económico y esperar resultados positivos en la construcción socialista es como volar con las alas de Ícaro.
¿Es ésta una posición pasiva, de dejarse llevar por la “inercia” de las leyes objetivas? ¿Dónde queda el sujeto revolucionario en todo esto? ¿Por qué hablamos de construcción del socialismo, si, en realidad, nos sometemos sumisamente a las leyes objetivas? No hay en esta posición la menor pasividad. El papel del sujeto revolucionario (es decir, del Partido Comunista y del conjunto de la clase obrera organizada y política e ideológicamente consciente) no queda en absoluto devaluado. Por el contrario, queda situado en su justo lugar, queda limitado el margen o el ámbito de actuación que le corresponde. Y, sí, podemos y debemos hablar de construcción socialista, porque eso es precisamente lo que se hace: construir una nueva sociedad.
Pero no se puede construir de cualquier manera. No puede levantarse una casa sobre una nube, sino sobre un suelo firme. Y, en economía, ese suelo firme nos lo proporcionan las leyes objetivas. Construimos una nueva sociedad, pero bajo unas determinadas condiciones impuestas por la realidad objetiva.
No obstante, hay que procurar evitar caer en un “objetivismo” unilateral. Tras este “objetivismo”, generalmente, se oculta una u otra forma de revisionismo. Ciertas corrientes revisionistas, plantean una especie de culto a las leyes objetivas (particularmente a la ley del valor y a la producción mercantil que le da sustento). Y lo hacen, no para construir ninguna nueva sociedad, sino para que nada avance, para que el socialismo se estanque, para que nos sentemos a esperar a que las leyes objetivas, por sí mismas, sin ayuda de nadie, nos traigan en bandeja de plata el comunismo (algo que evidentemente nunca ocurrirá) y para que, finalmente, una vez abortado el proceso revolucionario, podamos volver al “feliz” orden de cosas capitalista.
Este es el peligro que el Che quería evitar a la Revolución Cubana (con poco éxito, por desgracia, pues ya vemos en qué se ha transformado ésta; su deriva revisionista, que ya viene de lejos, se ha visto acelerada de la mano de don Raúl Castro). Pero, en su combate contra este “objetivismo”, terminó cayendo en un cierto subjetivismo.
Aun así, la concepción económica del Che debe ser un referente importante de la teoría económica marxista-leninista. Sobre todo por el contexto en que la defendió, con el revisionismo “soviético” en su pleno apogeo en todo el mundo socialista, lo que le otorga un mayor valor.
III
Pero aún no hemos terminado con esta cuestión de la ley del valor. Es necesario hacer algunas aclaraciones más al respecto.
Hablábamos más arriba de que cierta corriente revisionista hace una especie de culto a las leyes objetivas del desarrollo económico y particularmente a la ley del valor y la producción mercantil, que es el medio en el que se manifiesta. Y, para contrarrestar esta posición (unilateral, metafísica y, por lo tanto, ajena al marxismo), resulta conveniente plantear la siguiente pregunta: ¿En qué condiciones llega al socialismo la ley del valor?
Al contrario de lo que defiende este revisionismo, que sobredimensiona la ley del valor, hay que decir que ésta llega al socialismo en unas condiciones muy precarias, y lo son aún más en el caso de que el país en el que se comience la construcción socialista sea un país capitalista avanzado, un país que ya ha entrado en la fase del capitalismo monopolista. ¿Por qué?
La ley del valor, que es común a toda forma de producción mercantil (sea la economía esclavista, feudal o capitalista), sólo se desarrolla plenamente, como ya apuntara Marx en “El Capital”, en un contexto capitalista, y precisamente en un contexto de capitalismo de libre mercado, es decir, un capitalismo que aún no ha entrado en la fase monopolista. Y, si se desarrolla plenamente bajo las condiciones de ese capitalismo de libre mercado, si alcanza su cenit entonces, de ello podemos (y debemos) inferir que, con la superación de este capitalismo de libre mercado, con su entrada en la fase monopolista, habrá de comenzar necesariamente el declive de la ley del valor. Decía Marx, en “El Capital”, que la «libre competencia hace que prevalezcan las leyes inmanentes de la producción capitalista [y la ley del valor es una de esas leyes] como ley coercitiva externa ante el capitalista individual».(20) Es decir, que es la libre competencia la que obliga a los diferentes capitalistas a atenerse a la ley del valor. Pero ocurre que el capitalismo, en su desarrollo, termina conduciendo a que la competencia sea sustituida por el monopolio (como lo expresara Lenin en “El imperialismo, fase superior del capitalismo”), a que el capitalismo de libre mercado (o de libre competencia) se transforme en capitalismo monopolista (donde, para no incurrir en equívocos, continúa existiendo la competencia, pero muy quebrantada, muy debilitada por la acción de los monopolios). De aquí resulta bastante fácil deducir que, si la libre competencia, que «hace que prevalezcan las leyes inmanentes de la producción capitalista como ley coercitiva externa ante el capitalista individual», se encuentra debilitada, también habrá de verse debilitada la propia ley del valor; es decir, algunos capitalistas, y precisamente los más poderosos, los monopolistas, los que son económicamente decisivos, estarán en condiciones de vulnerar la ley del valor, de no someterse a su acción o de hacerlo en muy escasa medida. (Y sería muy interesante analizar el papel que este debilitamiento de la ley del valor ha jugado en el desarrollo de la actual fase de la crisis general capitalista, cosa que no vamos a hacer aquí, porque nos llevaría a desviarnos del tema de este artículo.) De modo que no es en el socialismo cuando la ley del valor empieza a morir. El proceso que lleva a su superación comienza ya en el capitalismo monopolista. Los países que inicien la construcción socialista a partir de las condiciones económicas que ofrece el capitalismo monopolista no tendrán que lidiar demasiado tiempo con la ley del valor. Ésta estará, literalmente, en fase terminal. Tanto Engels (en el “Anti-Dühring”) como Stalin (en “Los problemas económicos del socialismo en la URSS”) reconocían la posibilidad de que en los países capitalistas muy desarrollados, es decir, de capitalismo monopolista e imperialista (como lo son hoy todos los países de Europa Occidental, EE.UU., Japón y otros), una vez iniciada la construcción socialista, la producción mercantil podría ser suprimida de forma casi inmediata (las condiciones para ello las habrían creado los propios monopolios), y, por lo tanto, la ley del valor sería asimismo superada tras esa supresión de la producción mercantil, pues aquélla no puede existir más que sobre la base que ésta le ofrece.
Así, pues, el desprecio que el Che muestra hacia la ley del valor en el socialismo, siendo indudablemente un error teórico y práctico, un error en el que no se puede incurrir en ningún caso (y mucho menos en la Cuba de los años 60, por cuanto la base económica sobre la que se inicia allí la construcción socialista es la de un capitalismo subdesarrollado, muy lejos de haber alcanzado su fase monopolista), podemos considerarlo como un pequeño pecado venial (que apenas desvirtúa el carácter consecuentemente comunista de su pensamiento económico en general), puesto que, ciertamente, la ley del valor en el socialismo carece ya del vigor del que disfrutó en el pasado y, agotada desde el punto de vista histórico-económico, su fin, su superación se encuentra ya muy próxima. Aun así, insisto, no puede ser ignorada, es necesario tenerla en cuenta (y hacer un uso consciente de ella) mientras tenga vigencia, por más precaria que sea esa vigencia.
IV
Pasemos ahora a analizar la forma en que el sistema presupuestario y el cálculo económico revisionista entienden que hay que estimular a los trabajadores en la producción y en la labor económica general.
Cuando decíamos que entre uno y otro sistema las diferencias son todas, no estábamos exagerando en absoluto. Ante todas las cuestiones fundamentales, adoptan posiciones totalmente opuestas. En la cuestión de los estímulos, que también resulta fundamental para la construcción socialista, vuelve a manifestarse esta oposición frontal.
Esta oposición se establece en términos de estímulo moral versus estímulo material, o lo que es lo mismo: impulsar a los trabajadores a producir más y mejor, en beneficio del conjunto de la sociedad, promoviendo un mayor grado de compromiso socialista, de desarrollo de la conciencia socialista; o hacerlo en base al vil metal, dando premios económicos y mercenarizando así a los trabajadores, fomentando el egoísmo, el individualismo y demás valores tan propios de la sociedad que se pretende dejar atrás.
Para el sistema presupuestario, el «estímulo moral, la creación de una nueva conciencia socialista, es el punto en el que debemos apoyarnos y hacia donde debemos ir, y hacer énfasis en él».(21) «El estímulo material es el rezago del pasado, es aquello con lo que hay que contar, pero a lo que hay que ir quitándole preponderancia en la conciencia de la gente a medida que avance el proceso.»(22) En el cálculo económico revisionista, «el interés material es la gran palanca que mueve individual y colectivamente a los trabajadores».(23) «(...) no negamos [los defensores del sistema presupuestario] la necesidad objetiva del estímulo material, sí somos renuentes a su uso como palanca impulsora fundamental. Consideramos que, en economía, este tipo de palanca adquiere rápidamente categoría per se y luego impone su propia fuerza en las relaciones entre los hombres. No hay que olvidar que viene del capitalismo y está destinado a morir en el socialismo.»(24)
«(...) para los partidarios de la autogestión financiera, el estímulo material directo, proyectado hacia el futuro y acompañando a la sociedad en las diversas etapas de la construcción del comunismo, no se contrapone al “desarrollo” de la conciencia; para nosotros, sí. Es por eso que luchamos contra su predominio, pues significaría el retraso del desarrollo de la moral socialista.»(25)
«Sí, el estímulo material se opone al desarrollo de la conciencia, pero es una gran palanca para obtener logros en la producción, ¿debe entenderse que la atención preferente al desarrollo de la conciencia retarda la producción? En términos comparativos, en una época dada, es posible(...); nosotros afirmamos que en tiempo relativamente corto el desarrollo de la conciencia hace más por el desarrollo de la producción que el estímulo material (...).»(26)
Como vemos, el sistema presupuestario se posiciona a favor del estímulo moral (el trabajador no debe «esperar de la sociedad otra cosa que el reconocimiento de sus méritos (...) de constructor de [la] nueva sociedad»(27)) como principal palanca para el desarrollo de la producción y como medio, además, para la transformación del hombre, porque entiende que la construcción socialista «no es sólo trabajo (...), no es sólo conciencia (...); es trabajo y conciencia, (...) desarrollo de los bienes materiales y desarrollo de la conciencia»(28); no concibe «el comunismo como la suma mecánica de bienes de consumo en una sociedad dada, sino [como] el resultado de un acto consciente; de allí la importancia de la educación y, por ende, del trabajo sobre la conciencia de los individuos en el marco de una sociedad en pleno desarrollo material».(29) El cálculo económico revisionista, por el contrario, fiel a su inveterada concepción capitalista, no concibe otro estímulo que el material (el Che, como hemos visto, no niega la necesidad de utilizar este tipo de estímulo, pero considera que este estímulo material debe ser preferentemente de tipo colectivo y no individual). Y en cuanto a la transformación de la conciencia de los trabajadores, los defensores del cálculo económico revisionista consideran que será algo que se producirá de manera espontánea, que los trabajadores se levantarán una mañana y se habrán convertido en comunistas. Pero eso no ocurrirá nunca si no se hace una prolongada labor ideológica, si no se crean las condiciones, también (y principalmente) en el terreno económico, para que esa transformación se dé; y mucho menos si lo que se potencia es el más vulgar interés material y se perpetúan las innumerables taras que el capitalismo ha dejado en la conciencia de los hombres.
Por otra parte, no conviene confundir el cálculo económico revisionista con el cálculo económico que se aplicó en la URSS en la época de Stalin. Hay semejanzas entre ambos. Pero, al mismo tiempo, son cualitativamente diferentes, y lo son por los presupuestos políticos e ideológicos que han alimentado a uno y otro y por el contexto en que han sido aplicados. El de Stalin fue un cálculo económico en el que, por ejemplo, había un Partido Comunista que realmente lo era, una clase obrera movilizada y con una alta conciencia socialista (fruto de la amplia labor que en este sentido realizaba constantemente el Partido Comunista), lo que permitió alcanzar logros tales como el de industrializar un país atrasadísimo y semifeudal, como lo era la Rusia zarista, en apenas dos décadas o la creación de la potente industria militar que durante la segunda guerra mundial abasteció al Ejército Rojo de todo tipo de armamento, carros de combate, aviones... y que contribuyó de manera fundamental a la victoria de la Unión Soviética sobre la Alemania hitleriana. Además, Stalin entendía el cálculo económico como una etapa necesaria en la construcción socialista (y en la construcción socialista de un país tan atrasado como lo era Rusia en 1917) y no como un fin en sí mismo, tal como lo entendían los revisionistas. Por otro lado, ya en los años 40 y 50, planteó Stalin que, puesto que se daban las condiciones, había que pasar del intercambio mercantil al intercambio directo de productos, es decir, de una economía en la que aún rige la compra-venta de mercancías a otra en que la sociedad simplemente intercambia productos, sin que medien actos de compra-venta, o lo que es lo mismo: había que pasar de una economía socialista en la que aún rige un cierto grado de producción e intercambio mercantil a una economía plenamente socializada y, por lo tanto, plenamente comunista.
Sin embargo, tras la muerte de Stalin, el revisionismo, de la mano de Jruschov y de quienes le sucedieron, se hizo con las riendas del poder soviético y, lejos de realizar los cambios que venía demandando el proceso de construcción socialista, fueron en la dirección contraria: fomentaron al máximo las relaciones monetario-mercantiles y se sacaron de la manga la contrarrevolucionaria teoría, ya apuntada más arriba, de que la construcción socialista consistía únicamente en el desarrollo de las fuerzas productivas, y que la labor política e ideológica que el PC debía desarrollar entre los trabajadores tenía, no un carácter secundario, sino que directamente era superflua e innecesaria. Y es sobre estas bases sobre las que se constituye el cálculo económico revisionista, el cual va socavando las bases económicas del socialismo y termina por propiciar, en combinación con otras posiciones que el revisionismo adoptó en el terreno político, la restauración del capitalismo, no sólo en la URSS, sino en prácticamente todos los países en los que se aplicó. Cuba se salvó a medias de la debacle. Pero hoy vemos cómo también se desliza inexorablemente hacia la vía capitalista. Y como muestra, un botón: un medio de producción básico y fundamental como lo es la tierra ya ha sido mercantilizado, y, al hacerlo, se ha vulnerado de forma flagrante un principio esencial de la construcción económica socialista: los medios de producción (la tierra, la maquinaria, el componente fijo de la producción en general) no pueden ser nunca mercancías. En Cuba, lo son.
El Che, ya en los años 60, intuyó este peligro y, para conjurarlo, diseñó, junto con sus colaboradores, el sistema presupuestario de financiamiento, el cual conllevaba, en las condiciones tecnológicas e infraestructurales de la época (y en las condiciones de un país tan atrasado como lo era entonces Cuba), numerosas dificultades en su aplicación. Requería de un control exhaustivo de todo el proceso de producción y distribución, de una labor estadística y de control constante, de una contabilidad muy compleja y de unas redes de comunicación y transporte muy desarrolladas. El hecho de renunciar a los mecanismos de mercado que sí defendía el cálculo económico revisionista y que facilitaba algunos aspectos de la gestión económica (si bien al precio de introducir relaciones capitalistas en el socialismo) implicaba dirigir el conjunto de la actividad económica de forma planificada y consciente. Estas dificultades quizá influyeron a la hora de que el gobierno revolucionario cubano no aplicara el sistema del Che de manera general y que, finalmente, fuera el cálculo económico el que se acabara imponiendo. Aunque, de ser así, no puede considerarse como un motivo justificado. No podían existir carencias tecnológicas o de cualquier otro tipo que no hubieran podido ser superadas con el tiempo, contando con la iniciativa y el esfuerzo colectivo de los trabajadores. En cualquier caso, el motivo principal de esa no aplicación del sistema presupuestario lo tenemos en la influencia que los revisionistas soviéticos ejercían sobre el gobierno cubano y particularmente sobre algunos de sus principales cuadros, como era el caso de Raúl Castro, quien, casualmente, es quien está liderando hoy el proceso de restauración capitalista en el que parece haber entrado Cuba. Si bien no conviene personalizar en el análisis de estos fenómenos. La deriva a que se está viendo abocada la Revolución Cubana es responsabilidad del conjunto de su dirigencia (de la actual y de la del pasado) y no de este o del otro individuo.
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El sistema presupuestario es una valiosa aportación al pensamiento comunista, a la teoría económica de la construcción socialista. Es una aportación en la que, sin duda, hay que profundizar y sacar conclusiones. Los procesos de construcción socialista que habrán de iniciarse en el futuro no pueden volver a caer en errores del pasado y repetir experiencias que ya han demostrado que, lejos de conducir a la sociedad comunista, no llevan sino a la restauración del capitalismo. Una revolución conlleva demasiados esfuerzos, demasiados sacrificios como para arrojar por la borda todo lo conseguido por no saber dirigir el proceso de construcción de la nueva sociedad. Es necesario dilucidar qué ha habido de positivo y de negativo en la teoría y en la práctica del movimiento comunista. Este artículo pretende contribuir a ello. Y lo hace exponiendo o intentando exponer el pensamiento económico del Che, que hay que contarlo, sin la menor sombra de duda, entre lo positivo de esa teoría y esa práctica, lo que no implica negar que el gran revolucionario argentino no incurriera también en algunos errores. Pero ya decía Lenin que hombres que no cometan errores ni existen ni han existido jamás. Lo importante es que lo acertado predomine sobre lo erróneo. Y esto efectivamente ocurre con el pensamiento económico del Che.
P. S.: Una primera versión de este artículo fue escrita en junio de 2008, cuando me encontraba preso, y concretamente en la prisión de A Lama (Pontevedra). Aquella primera versión del artículo tenía importantes carencias, tanto en forma como en contenido. En torno a él, vía epistolar, se generó un intenso debate entre varios miembros del colectivo de presos políticos del PCE(r) y los GRAPO. Fue este debate el que me hizo tomar conciencia de todas estas deficiencias a que saludo, y, a partir de ahí, me propuse volver a redactarlo. Y eso he hecho. Espero que esta nueva versión tenga siquiera unas pocas menos carencias que las que tenía la anterior.
Debo agradecer a los compañeros y compañeras que, como Nacho (preso actualmente en la prisión de Mansilla de las Mulas, en León), Ciete y Carmela (en la prisión de Córdoba), Manu (en libertad desde principios de 2009) y, especialmente, nuestro entrañable José Ortín (que falleció en marzo de 2009, en la prisión de Fontcalent, después de toda una vida de militancia comunista y de décadas de cárcel a sus espaldas), me han ayudado con sus críticas a avanzar en la comprensión de las cuestiones que aquí trato. Si he conseguido que esta segunda versión sea mejor que la primera, se lo debo, sin duda, a ellos. Si no lo he conseguido, la responsabilidad es toda mía.
Madrid, diciembre de 2010.
Notas:
1-Che Guevara. “Discurso en la primera reunión nacional de producción”. (1961)
2-Ídem. “Discurso en la inauguración de la fábrica de alambre de púas en Nuevitas”. (1964)
3-Id. “Consideraciones sobre los costos”. (1963)
4-Id. “Sobre el sistema presupuestario de financiamiento”. (1964)
5-Id. “Consideraciones sobre los costos”. (1963)
6-Id. “Sobre el sistema presupuestario...”
7-Id. “El socialismo y el hombre en Cuba”. (1965)
8-Id. “Sobre el sistema presupuestario...”
9-Id. “ “ “
10-Id. “ “ “
11-Id. “Consideraciones sobre los costos”.
12-Id. “ “ “
13- Id. “Sobre la concepción del valor”.
14- Id. “Consideraciones sobre los costos”.
15- Id. “Sobre la concepción del valor”.
16- Id. “Sobre el sistema presupuestario...”.
17- Id. “ “ “
18-Id. “Consideraciones sobre los costos”.
19- Id. “Discurso en la Asamblea General de Trabajadores de la Textilera Ariguanabo”. (1963)
20- Carlos Marx. “El Capital”. Libro Primero. Tomo I. “La lucha por la jornada normal de trabajo. Leyes coercitivas para la prolongación de la jornada de trabajo desde mediados del siglo XIV hasta finales del XVII”.
21- Che Guevara. “Discurso en la Asamblea General de Trabajadores de la Textilera Ariguanabo”
22- Id. “Sobre el sistema presupuestario...”
23- Id. “ “ “
24- Id. “ “ “
25- Id. “ “ “
26- Id. “Discurso de entrega de certificados de trabajo comunista”. (1964)
27- Id. “La banca, el crédito y el socialismo”. (1964)
28- Id. “ “ “
TRINCHERA MÓVIL, Órgano de Difusión
del MIR-EPR (Batallón Chile)
¡¡ Combate o Muerte !!

Correspondencia sobre artículos en Workers World/Mundo Obrero pueden ser
enviadas a:
WW-MundoObrero@workers.org
WW-MundoObrero@workers.org
Huelga en la UPR
Unas 15.000 personas marcharon por las calles de San Juan, Puerto Rico el 12 de
diciembre terminando en La Fortaleza, la residencia del gobernador. Exigieron
la eliminación de la cuota especial de $800 que la administración de
la Universidad de Puerto Rico impuso, la cual aumentaría la matrícula
del estudiantado a partir de enero de 2011. Globos de color rojo a lo largo de
la marcha simbolizaban los 10.000 estudiantes que tendrían que abandonar
sus estudios si la cuota entra en vigor....
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Sindicalistas se reúnen en Tijuana
Por séptimo año consecutivo, líderes sindicales, activistas de
movimientos sociales y socialistas de muchos países del hemisferio
occidental se reunieron en esta dinámica ciudad fronteriza en el primer
fin de semana de diciembre para una serie de intensos debates. Se centraron en
la crisis mundial del sistema imperialista, su creciente beligerancia y sus
ataques devastadores sobre las condiciones de vida de la clase obrera
internacional....
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Victor Toro exige asilo político
La lucha para exigir el asilo político para el revolucionario chileno
Víctor Toro continúa. Toro, que es indocumentado, fue perfilado
racialmente en julio de 2007 por agentes de inmigración en un tren de
Amtrak en el estado de Nueva York. Su juicio estaba pautado para el 6 de
diciembre en la Corte Federal en la Ciudad de Nueva York....
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Corea: Al borde de la guerra
Buques de guerra y jets de combate estadounidenses llevando a más de 6.000
efectivos y reforzados por naves, aviones y 70.000 soldados de las fuerzas
armadas de Corea del sur comenzaron a realizar “ejercicios”
militares conjuntos en el mar al oeste de Corea el 28 de noviembre. Han llevado
a la dividida península al borde de la guerra....
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El movimiento pro derechos de los/as inmigrantes está en una encrucijada
Los siguientes son extractos de una charla por Teresa Gutiérrez
el 13 de noviembre en la conferencia nacional del Partido Workers World /Mundo
Obrero. Gutiérrez es miembro del Secretariado del Partido y líder de
la Coalición 1 de Mayo pro derechos de los y las trabajadoras e
inmigrantes....
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Panel del gobierno hace el trabajo sucio patronal intentando recortar el Seguro Social y el Medicare
Otro gran fraude está siendo perpetrado para que los ricos puedan salirse
con la suya. Su arma es el miedo. Los grandes medios de comunicación
están llenos de expertos explicando que el gobierno debe reducir el
presupuesto nacional o si no todo se derrumbará. ¿Y cómo hay que
recortarlo? Atacando el Seguro Social y el Medicare, en primer lugar. En otras
palabras, atacando a los/as ancianos/as y los/as enfermos/as....
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La perspectiva revolucionaria
Los siguientes párrafos son extractos de la segunda parte del
documento “El capitalismo en crisis” por Fred Goldstein, escrito
para discusión durante la Conferencia Nacional del Partido WW/Mundo Obrero
que tuvo lugar los días 13 y 14 de noviembre en la ciudad de Nueva York.
Goldstein es también autor del libro “Capitalismo de bajos
salarios”....
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Conferencia en Tijuana
Del 3 al 5 de diciembre en Tijuana, México — a tan sólo unos
minutos del aeropuerto de San Diego, California — una diversa
representación de los/as trabajadores/as de América Latina que se
enfrentan a la crisis mundial se reunirá con trabajadores/as de EEUU que
están lidiando con devastadores desafíos. Con la experiencia y la
base de seis conferencias anteriores, el objetivo de la reunión es hacer
crecer la unidad de la clase obrera en las Américas y aumentar su
influencia — desde la punta de Chile hasta Alaska
— compartiendo experiencias sobre los problemas, pero
también examinando las estrategias para luchar y vencer....

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